La ola de violencia generada por el poder de los narcos ha hecho de Tijuana, la ciudad fronteriza mexicana más conocida, un lugar temible que ha ahuyentado al turismo
Por Fernando Lucena. Especial para El Comercio
TIJUANA. Las calles principales de Tijuana están plagadas de bares de dudosa reputación y personajes de aspecto turbio: proxenetas, vendedores de drogas y hampones comunes. Este cuadro se presenta sobre un fondo de atracciones turísticas que incluye fotógrafos callejeros acompañados por burros pintados de cebra, farmacias con enormes letreros ofreciendo medicinas controladas --sin necesidad de receta y a precios de descuento-- e incontables bares de strip-tease, todo orientado al público gringo que solía cruzar la corta distancia que une a San Diego con México para disfrutar de todas aquellas indulgencias no permitidas en California.
Sobre este peculiar escenario se desarrolla la creciente ola de violencia que arremete contra esta ciudad fronteriza, la misma que solo en el último año ha visto tres decapitaciones, incontables secuestros y el asesinato de un jefe de Policía y de su hijo, además de otras 300 ejecuciones vinculadas a los cárteles de la droga.
NADIE SE SALVA
Alejandro Ortega, un taxista de 23 años, afirma: "Los ricos ya no son los únicos secuestrados, ahora los secuestradores van por cualquiera que pueda pagar 100 dólares". Alejandro comparte un taxi con su tío, quien, tan solo el día anterior a nuestra conversación, había sido interceptado en medio de una avenida principal por tres secuestradores que traían 'cuernos de chivo'. Le quitaron lo que tenía, lo llevaron al cajero automático para que retirase dinero y luego lo dejaron ir. 'Cuerno de chivo' es como se le conoce al fusil AK-47, hoy en día implemento tan común en México que hasta posee su propio sobrenombre.
Tijuana está plagada de armas, algunas de ellas llegan a México desde Centroamérica, donde los ex guerrilleros las venden a los narcos mexicanos. Otras provienen de Estados Unidos, en donde una licencia de conducir es suficiente para adquirir un AK-47 en Arizona, el mismo que, con una pequeña modificación, se convierte de semiautomático a automático. Cruzar a México --ya sea desde San Diego o Arizona-- es un proceso virtualmente libre de escrutinio por parte de las autoridades migratorias. Como pude constatar, la mayoría de las veces no hay ningún oficial que controle el paso de San Diego a Tijuana, tanto en auto como a pie.
EL TURISMO SUFRE
La reciente ola de violencia es la responsable de la fuerte caída del turismo estadounidense hacia la región. Ramón es un barman del Hard Rock Café de Tijuana, lugar que reluce por su relativa elegancia en una zona donde los demás bares poseen un aura ligeramente sórdida, por decir lo menos. Él me cuenta que hasta hace un par de años "los gringos venían a montones". Lamenta que, debido a la cobertura que los medios en Estados Unidos le han otorgado a la actual ola de violencia en Tijuana, los turistas estadounidenses "solo vienen a pasar el día, a lo mucho... tienen miedo de caminar de noche".
A dos horas de Tijuana está la pintoresca ciudad de Ensenada, lugar adonde llegan los cruceros. El gerente de un hotel me comenta que el flujo de turistas estadounidenses ha bajado significativamente en los últimos dos años. "Aquí nunca ha habido problemas, pero, por la violencia en Tijuana, los gringos tienen miedo de venir... Tijuana nos ha dado un mal nombre", me dice.
EL GOBIERNO RESPONDE
A principios de este año, el gobierno de Felipe Calderón envió 3.300 tropas a patrullar la ciudad. Esto ha traído algunos logros en la lucha contra el narcotráfico, especialmente en lo que concierne a arrestos de policías vinculados al cártel de Tijuana. Es conocido que la policía local ha estado colaborando con los criminales y participando en el mercado negro de armas durante varios años.
Los periodistas también han sido víctimas de la ola de violencia: en el 2005 Francisco Ortiz Franco, el editor del semanario local "Zeta", fue asesinado por sicarios del cártel. En la balacera que precedió a la captura del sicario que ultimó a Ortiz Franco, los policías fueron recibidos con ráfagas de ametralladora. "Los narcos están mejor armados y mejor pagados que la policía... por eso han traído a los militares", me comenta Ramiro, un guardia de seguridad que cuida uno de los tantos bares de strip-tease.
No obstante el decaimiento en el turismo extranjero, la industria del narcotráfico permite que haya gente local dispuesta a gastar dinero. Una bailarina del mismo bar que en una noche puede ganar hasta 400 dólares solo en propinas dejadas por los concurrentes, en su mayoría mexicanos.
Mientras tanto, los innumerables bares que ofrecen promociones de cerveza y tequilas de cortesía se encuentran tristemente vacíos y, cerca del río, se puede ver a los trabajadores migrantes esperando a que un traficante de personas --o 'coyote'-- los ayude a cruzar la frontera hacia la 'tierra de las oportunidades'.
Los tentáculos de un poderoso cártel
El cártel de Tijuana es el mayor responsable de la ola de violencia que actualmente golpea a la ciudad, a pesar de encontrarse significativamente disminuido en relación al auge del que gozó durante los años 80 y 90.
Esta organización estaba liderada por tres de los siete hermanos y cuatro hermanas Arellano Félix. Uno de los cabecillas murió a balazos por cuenta de la policía y los otros dos están en cárceles estadounidenses. En agosto, la DEA arrestó a Javier Arellano Félix, a quien se lo responsabiliza por la construcción de túneles clandestinos que unían a Tijuana con San Diego, por donde transportaban toneladas de cocaína hacia EE.UU.