VIDA Y MILAGROS. De niña quería ser bailarina, pero también monja. Hoy es actriz. Elogiada por directores, dicen que es la actriz juvenil que más promete. El 2008 ya está cerrado con dos montajes y ella sonríe agradecida. Se llama Gisela Ponce de León y esta es su historia de lucha
Por Milagros Leiva Gálvez
Mi nombre es Gisela Ponce de León, debería decir esta muchacha que en el escenario comienza su transformación anunciando que se llama Rachel Corrie y que un día decidió viajar a la franja de Gaza para defender a los palestinos y terminó muriendo. A Gisela a veces le dan ataques de culpa cuando acaba la obra: le gustaría ser como esa chica estadounidense, que no se quedó de brazos cruzados ni tomando café y que viajó al otro lado del mundo para solidarizarse con una causa que parece perdida. Gisela, a veces, siente que no es lo suficientemente solidaria, pero cuando uno termina de hablar con ella nadie puede evitar decirle que está equivocada, que es una niña con energía buena, que contar su oscuridad para darle luz a otros también es un acto de solidaridad. Acaba de terminar la grabación de la segunda temporada de "Esta sociedad" y está agotada, en el teatro trabaja en dos montajes, pero no se queja. Tiene trabajo y es una chica agradecida. Para el próximo año tiene previstas dos puestas en escena y vuelve a agradecer. Dice que está comenzando y que tiene que aprender. Que está disfrutando. Que ya aprendió a quererse.
¿Creciste en una burbuja?
Sigo en mi burbuja: mira soy actriz, me sumerjo en vidas que no son mías, vengo al teatro, me entrevistan y luego me voy a mi casa y veo tele. Quiero echarle la culpa a los otros de mi falta de compromiso.
Puedes estar quedando mal con lo que dices.
Es que si voy a decirte algo que no es cierto, después en mi vida diaria sentiría vergüenza.
Me han contado que eres la actriz más deseada por todos.
Ese es un chiste, tengo trabajo como todos, solo que mi trabajo se publicita en el periódico porque antes salí en la serie "Esta sociedad", pero trabajo como el resto.
¿Adónde quieres llegar?
No sé, me gustaría sentirme segura con mi trabajo, siento que me falta un montón, que se me hace muy difícil el proceso todavía y a veces siento que se me están acabando las herramientas y que se me agotan los personajes. En los ensayos soy un manojo de nervios.
Tienes 22 años y no te crees diva...
Ay, por favor, todos somos iguales, a todos nos sale callos cuando ensayamos, todos venimos en buzo, todos sudamos en el escenario y todos apestamos el vestuario.
¿Qué imagen crees que tienes?
No tengo imagen, todavía, pero a mi madre sí le preocupa cuando me tergiversan las declaraciones.
¿Eres hija única?
Tengo un hermano que tiene 25 años. La relación con mi madre es muy estrecha, somos amigas, pero antes éramos recontraunidas, teníamos mamitis, hijitis.
¿Has roto el cordón?
Un poquito y ha sido saludable para las dos, estamos más contentas. La adolescencia me llegó tarde, yo debería estar en plena juventud y todavía me siento muy adolescente. Siento que recién estoy comenzando a crecer. La rebeldía recién me ha llegado.
¿Qué rebeldía por ejemplo?
Me quería ir de casa hace un año. Yo me iba, ni siquiera sabía adónde, armaba mi maleta, todo muy teatral y tiraba la puerta de mi habitación. Por supuesto nunca me fui, me encerraba en mi cuarto, como en las series. Ahora vivo con mi mamá, mi tía y mi hermano.
¿Y tu papá?
Son divorciados.
En un momento de la obra Rachel Corrie tiene mucha nostalgia de su madre, tiene mucho miedo porque no está con ella...
Yo todo el tiempo tengo necesidad de mi madre. Tengo problemas para dormir, pienso mucho y me da miedo la oscuridad. Rollos de chiquita, seguro, no puedo evitar pensar en mi mayor temor que supongo es estar sola y para mí la soledad se vincula mucho con perder a mi mamá. Hemos estado tan pegadas que soy parte de ella y ella ha cogido cosas mías. No sé qué será de mí cuando mi mamá no esté.
Piensas mucho antes de dormir.
Mucho.
Perder a la mamá es un miedo muy intenso, yo soy mayor que tú y también tengo ese miedo.
Alguna vez he calculado cuántos años tiene mi mamá y cuántos años tengo yo y cuándo debería tener nietos y todo eso. Yo calculo que mi mamá debe tener cincuenta y tantos, pero desde que tengo uso de razón dice que está viejita.
Eso dicen todas las mamás...
¿Sí, no? Creo que las mamás son todo y los hijos lo sabemos.
¿Y qué otro temor tienes?
Pasar por la vida con ligereza. No pienso mucho las decisiones y eso asusta. No quiero ser más grande y arrepentirme por cosas que dejé de hacer, me da miedo pensar que hay otro plano que me estoy perdiendo. Me asusta no ser buena.
¿Por qué ser tan perfecta?
No lo sé, eso lo hablo con mi psicoanalista. Desde chiquita he querido ser buena en todo.
Dicen que querías ser monja.
Es verdad. Quería ser monja y además pensaba que podía hacer milagros. Yo era bien loca de chiquita, creía muchísimo en Dios, creía en los milagros, en los ángeles, en las maravillas de la fe, en que quizá podía imponer mis manos y salvar a la gente, también quería ser bailarina... pero las monjas no bailan y ese era mi gran conflicto.
¿Y en qué momento se fue la monja y nació la actriz?
No recuerdo. Pero por esas ganas de santidad todo lo tenía que hacer perfecto. De allí salió, ahora tolero más mis errores y no los veo tanto. Ya no me fijo tanto en el qué dirán y es muy saludable porque ser dependiente es muy egocéntrico.
¿Hace mucho haces terapia?
Dos años más o menos. Me ayuda mucho, me tranquiliza. Me ayuda a aceptarme. Ya entendí que nadie es perfecto, nadie es totalmente bueno en todo lo que hace. Es más fácil hacer todo perfecto porque no tienes problemas con nadie, pero eso no es saludable, porque si haces algo mal y te duele mucho te conviertes en la víctima y te torturas.
¿Es verdad que en algún momento de tu vida te sentiste una chica despreciable?
Sí. Creo que era tímida y me sentía rara, fea. Todas mis amigas se maquillaban, eran señoritas y yo quería usar los polos de mi hermano.
¿No te sentías femenina?
No, tampoco encontraba gente a mi alrededor que le gustase cantar y estas cosas. Yo escribía mucho, me quedaba pegada, era rara, pues, era el payaso del salón. No supe contar la incomodidad en mi propio cuerpo, que me pasaban cosas... no supe decirlo y no busqué ayuda, por ser muy sensible me fui de un pensamiento a otro hasta que pensé: soy una caca, no soy una buena persona, pero no solo por lo físico sino por todo lo que tenía adentro. No me gustaba el colegio, nada me interesaba. Y no paró.
¿Crees que todos pasamos por un momento de autodestrucción?
No lo sé, pero lo peor que puede pasarle a una persona es tener un pensamiento impuesto, si te dices algo malo y lo crees estás frita. Yo llegué al extremo de que ya no podía hacer nada con mi vida, llegué a un momento en que quería actuar, cantar y ser artista, pero no tenía ganas. Cuando estás deprimida te destruyes, estás enferma.
¿Y entonces, qué pasó?
Me quité el orgullo y pedí ayuda. Mi madre y mi familia me ayudaron. Felizmente ya estoy bien, trabajando en mí. La gente no entiende que la depresión es una enfermedad.
¿Cómo te fue en "Esta sociedad"?
Fue loquísimo, al principio no entendía por qué me llamaban a mí. Se supone que yo no parezco una chica de esa sociedad, no tengo un cuerpazo, no tengo bonito perfil.
No te sentías una regia...
Claro, pero después me di cuenta de que en verdad eran personas normales y que la protagonista no necesitaba ser modelo.
¿Angustia el modelo de belleza?
No, ya no. Antes me sentía un poco fea y por lo tanto no le iba a gustar a los chicos. Después, cuando quise entrar a la tele, pensaba que no me iban a llamar, pero ahora me gusto bastante. Estoy contenta. Fue un proceso, de a pocos. Hay días en los que amanezco bonita y otros que no, pero ya no pienso que no tengo arreglo y que por lo tanto no soy buena persona. Esa etapa ya pasó.
Oye, ¿qué dirá tu madre de todo lo que estás diciendo?
No sé, ya se acostumbró. Me hace bien decir todas estas cosas. Hay mucha gente que pasa por depresiones y ahora puedo decir con orgullo que estoy fuera. Quizá pueden entender que es algo normal, que a toda la gente le pasa y con tratamiento es pasajero. Uno sí puede salir, por eso cuento.
Contando también te curas...
Por eso lo hago, además así ayudo a otros. Cuesta salir, es un proceso largo, pero no es imposible. Estoy satisfecha de haberlo logrado.
¿Ya ves que eres solidaria? Podrías solo aparecer como la Gisela regia, trabajadora, y en cambio prefieres contar un aspecto de tu vida más humano.
Lo único que te puedo decir es que todo pasa, que uno cree que no pasa, pero el ahora nunca es para siempre.