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¿Liebres o tortugas?

Por Eduardo Morón. Economista *

Lo más complicado de ser gobierno es mantener control de la agenda de las cosas que efectivamente se quieren hacer y evitar que la agenda esté bajo el control de alguien más. Este control puede ser tentado por algún grupo de interés, desde exportadores angustiados con el tipo de cambio hasta cocaleros no dispuestos a que el Gobierno reduzca sus áreas de cultivo. Pero también puede ser una encuesta poco grata a los ojos e hígado del presidente o a alguno de sus ministros. Inclusive puede ser otro país interesado en complicarnos la vida más de lo necesario o interesado en que nuestra vida tenga más oportunidades de progreso.

Ayer se publicó el Índice Global de Competitividad, que pretende juzgar los avances de los distintos países del mundo en el juego de quién es el más competitivo en el planeta. El objetivo de este trabajo es evaluar qué países están mejor preparados para competir en el mercado global de producir bienes y servicios que el mundo demanda. Este año el Perú bajó del puesto 78 al puesto 86, de un total de 131 países. Mi primera reacción fue buscar qué países habían subido más y el único que destaca en la lista es Corea del Sur, que aumentó doce puestos para ubicarse en el 11. Mi segunda reacción fue verificar qué estaba pasando en la región. Los resultados para nuestro barrio son terribles, salvo para Uruguay, que subió 4 puestos; Chile, que aumentó 1 puesto; y México, que no perdió terreno. Al resto le ha ido igual o peor que al Perú. Los grandes perdedores de la región son Argentina y Venezuela, que perdieron 15 y 13 puestos respectivamente. Colombia y Brasil cedieron 6 puestos cada uno.

Los resultados para el Perú son sorpresivos por varias razones. La primera y más obvia es que estamos creciendo más de 8% hace años y recibiendo niveles récords de inversión extranjera. La segunda es que, lejos de acercarnos a los países que tienen grado de inversión, nos estamos acercando a los que han venido aplicando políticas que, sin duda, tendrán que enfrentar la realidad, aunque para eso se necesite una elección presidencial adicional. Sin embargo, hay que entender que esta es una carrera y no solo pierde el que no corre, sino el que corre más despacio.

Uno debería preguntarse si algo de lo hecho por el Gobierno apunta a mejorar los niveles de competitividad. Lo primero que viene a la mente son los esfuerzos por ampliar nuestros mercados. Por coincidencia, escribo esta columna desde Washington D.C., y acabo de enterarme de que el Comité de Medios y Arbitrios aprobó de manera unánime el TLC con el Perú, lo cual nos deja listos para enfrentar la aprobación en los plenos del Senado y de la Cámara de Representantes. Esto es una muestra de que la prioridad dada al tema de impulsar la firma del TLC con EE.UU. finalmente empieza a dar sus frutos. Sin embargo, el Gobierno, que el año pasado fue muy enfático en la necesidad de trabajar en lo que se llamó el TLC interno, hoy no parece tan interesado en ello. Sus prioridades han pasado a aprobar de manera sorpresiva una reducción de aranceles que ha desviado la atención de quienes son los que hoy realmente tienen problemas de competitividad mucho más allá de que el tipo de cambio haya bajado la barrera de los S/.3.

Será interesante ver qué impacto pueda tener la reciente rebaja de aranceles en nuestros resultados el próximo año. Pero sin importar ello, creo que el Gobierno sigue postergando entrar a lo realmente importante. Más allá de parecer liebre o tortuga en la carrera de la competitividad global, no olvidemos que buscamos ser más competitivos para salir de la pobreza y no pensando en la foto de cada año.

* PROFESOR E INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD DEL PACÍFICO.

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