Unos 200 religiosos regresaron a las calles, pero no fueron reprimidos por la fuerza policial
RANGÚN [El Comercio / Agencias]. Haciendo caso omiso a la prohibición dictada por la junta militar, unos 200 monjes budistas volvieron ayer a manifestarse en Pokokku, Birmania (cuyo nombre oficial es Myanmar), en el lugar donde comenzó la llamada "rebelión azafrán" del mes pasado y que dejó decenas de muertos.
Los hombres en túnicas rojas y naranjas marcharon por la ciudad rezando durante una hora. Testigos dijeron que las fuerzas de seguridad no intervinieron.
Este acto supone el primer signo de la disidencia desde la brutal represión militar de las manifestaciones encabezadas por los monjes en Rangún los días 26 y 27 de setiembre, que desató la indignación internacional y renovó las exigencias para que la junta militar, en el poder hace 46 años, lleve a cabo reformas democráticas.
Uno de los participantes en las protestas de ayer anunció a la radio Voz Democrática de Birmania, que emite en el exilio desde Noruega, mayores protestas para el futuro. "Queremos animar a la gente a que no tenga miedo, nosotros no tenemos miedo de ser arrestados o torturados y hacemos esto por el futuro de nuestro país".
La ONU anunció que su enviado especial para Birmania, Ibrahim Gambari, iniciará este sábado su segunda visita al país.