Existe plena conciencia sobre la necesidad de las revisiones técnicas del parque automotor. Pero la forma en que la Municipalidad de Lima y la empresa responsable Lidercon las vienen desarrollando evidencia una clamorosa improvisación y una total falta de respeto por el ciudadano.
Enerva, hasta al más paciente, formar una cola de siete kilómetros y que para acceder a la revisión de 20 minutos el titular del vehículo deba esperar 24 horas en el lugar.
Si bien algunos conductores son responsables del entrampamiento, por esperar el último momento, la principal razón de este cuello de botella es que existen solo dos plantas que, encima de ello, funcionan al 60% de su capacidad, para un parque automotor de un millón de vehículos.
El alcalde de Lima, Luis Castañeda, y su cuerpo de regidores deberían colocarse en el lugar de los pacientes ciudadanos que hacen cola y entender que un trámite que estuvo ausente 19 años no puede ser completado de golpe en 50 días operativos y a cargo de una sola empresa. Más que prórrogas y prórrogas, la supervisión del parque automotor requiere planeamiento y previsión. Los habitantes de la ciudad no se merecen semejante maltrato.