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¿Sendero en las universidades?

Por Rubén Vargas Céspedes. Abogado

El informe de "Caretas" (N° 1998) sobre la presencia organizada de elementos de Sendero Luminoso (SL) en las universidades debería preocuparnos mucho. Este monstruo nuevamente está tomando forma por la ignorancia del Gobierno y la apatía de las instituciones responsables de velar por nuestra seguridad.

Después de 1992, cuando el régimen fujimontesinista negoció con Abimael Guzmán, los terroristas en libertad se refugiaron en los mayores centros productores de cocaína: el Huallaga y el río Apurímac. Hacen noticia cuando asesinan a mansalva defendiendo el negocio de las drogas y la coca ilegal. En nuestro imaginario están lejos, en la selva. Sin embargo, la investigación realizada por el semanario demostraría que ya no es así.

Según el INPE, del 2000 a la fecha han salido en libertad más de tres mil terroristas por pena cumplida. Muchos de estos son los que se están infiltrando nuevamente en las universidades y algunas organizaciones sociales. Tienen un discurso y una estrategia política con objetivos claros. Por ahora, no es tomar el poder a través de la guerra popular.

Buscan la "construcción de la coordinadora nacional", es decir, pretenderían infiltrarse en los frentes regionales, en los sindicatos, en las comunidades en conflicto con la minería y en las universidades. Se montarían sobre las agendas reivindicativas, legítimas para cada sector. Sin embargo, el interés no es ayudar a resolver, sino la confrontación hasta el extremo de la violencia.

El discurso de estos terroristas parecería hasta inocente: "Gratuidad de la enseñanza" (¿recuerdan a los profesores de la facción Huaynalaya?), defensa de los cultivos naturales de sobrevivencia (es lo mismo a decir "coca o muerte"), lucha por la segunda reforma universitaria (es el pedido al interior de varias universidades).

SL no solo es sinónimo de carro-bomba o acción armada. También es discurso político y es organización bien financiada por el narcotráfico y la tala ilegal de madera.

Nuevamente nuestra memoria colectiva nos está fallando. Debemos recordar que así comenzaron. Las universidades y los sindicatos de la Carretera Central fueron las primeras víctimas de su prédica de odio. Después terminamos contando nuestros muertos por miles.

Si en La Cantuta y en otras universidades del país hay un grupo de ex presidiarios, de militancia probada en el grupo terrorista, ¿por qué las autoridades universitarias no los expulsan? ¿Qué están esperando las fuerzas del orden para capturarlos y devolverlos a la cárcel? El artículo 5 del Decreto Ley 25475 señala que los que forman parte de una organización terrorista, por el solo hecho de pertenecer a ella, serán reprimidos con pena privativa de libertad no menor de veinte años.

Es nauseabundo pensar que los asesinos de miles de campesinos y asháninkas nuevamente estén invernando en las universidades, usufructuando gratuitamente los servicios que solo deberían estar reservados para los verdaderos estudiantes.

Finalmente, no nos fiemos de la supuesta división irreconciliable al interior de SL. Mientras ambos cuerpos de la bestia se alimenten de la misma cantera ideológica (marxismo, leninismo y maoísmo), podría ser solo cuestión de tiempo que superen sus líos internos y se reunifiquen, esto podría significar un nuevo proceso de violencia. Este escenario les convendría, sin duda alguna, inclusive a los chavistas.

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