Luego de dar positivo por cocaína, la ex número uno anunció su retiro voluntario de las canchas hasta que duren las investigaciones que prueben su inocencia
París. Martina Hingis quizá pasa en estos momentos las horas más tristes de su carrera y de toda su vida. Si hace cinco años, cuando contaba con apenas 22 años y cuatro Grand Slam ganados, la niña prodigio del tenis tuvo que retirarse con tristeza debido a las fuertes lesiones que sufría en sus tobillos, ahora debe decirle de nuevo adiós a la máxima de sus pasiones por haber dado positivo con cocaína en la competencia de Wimbledon de este año.
Su pena, la cual trató de ocultar en todo momento durante la conferencia del jueves último donde anunció su retiro, es evidente: "Es falso, nunca he consumido drogas, pero no estoy dispuesta a soportar los dos años que duran las investigaciones para probar mi inocencia", dijo y de nada sirvió tampoco dejar entrever con frialdad que le habían sembrado la prueba de orina contaminada. Tuvo que retirarse (con pena y glorias pasadas) para evitar una sanción, porque esta hubiera sido aun más vergonzosa.
La que fuera número uno del mundo en la década del noventa sabe ahora que, a sus 27 años, ha sufrido la peor de sus derrotas, la que la dejará relegada a una vida de mujer sedentaria, tal como le sucedió hasta antes de su regreso en el 2006. Ahora comerá a deshoras y se convertirá en una cifra más dentro de la lista de acusados por dopaje en el deporte.
Aquellos grandes del tenis también le dan la triste bienvenida:
Petr Korda (ganador del Abierto de Australia en 1998 y número dos del ránking mundial, acusado por consumo de Nandrolona y suspendido un año), Mariano Puerta (finalista del Abierto de Francia en el 2005, suspendido 8 años por consumo de Etilefrina) y Guillermo Cañas ( número 8 del mundo, suspendido 15 meses por consumo del diurético Hidroclorotiazida, acusación que siempre rechazó), entre otros.
Sus abogados seguirán luchando y ella estará esperando desde fuera de la cancha la consagración de su inocencia o su declaratoria de sentencia amarga y absoluta.