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Tres pintores

CRÍTICA DE ARTE

Por Élida Román

En palabras de Gabriel Alayza, "se puede decir que el proceso de construcción de la identidad personal es esencialmente bruto, desordenado, aleatorio y vulgar, y, a la vez, selectivo, agudo, delicado y fantástico...". Este concepto central lo ha llevado a desarrollar esta serie de personajes, presente en su actual exposición en Fórum, que cargan sobre sus hombros bultos exagerados, abrumadores, algunos indefinidos, otros encajonados, siempre con una actitud de resignación y obligación ineludible. Aunque sencilla, explícita y casi obvia, logra ser comprendida sin búsquedas afanosas, encontrando los modos y significados que la ligan con la realidad inmediata, lo que le permite reconocer no solo los personajes retratados, sino también las circunstancias que los han modelado. El recurso expresionista, la densidad de la materia, la inclinación hacia la paleta sombría, los formatos sugerentes y hasta las composiciones que recuerdan los enfoques cinematográficos contribuyen al desarrollo de esta idea que prefiere testimoniar antes que revelar. En un políptico que impresiona como un gran mosaico, dispuesto como las cargas citadas en otras obras, Alayza narra, no las historias concatenadas sino los momentos que la memoria rescata, lo que recuerda la historieta e introduce la ironía. Para completar, una impactante instalación que no hace sino llevar al espacio el leitmotiv de sus pinturas. Un buen comienzo.

José Luis Carranza muestra su 'Kindergarden' (Galería 80m2), donde los grandes ausentes son los alegres e inocentes niños que pudieran poblarlos. Reiterando ese modo caótico, barroco, abigarrado y cargado de violencias que caracterizan sus obras, presenta este mundo imposible y reconocible, donde los colores parecen gritar y oscilar al servicio de formas sugeridas, incompletas, mezcladas y yuxtapuestas, donde destacan los rostros de bocas abiertas y los ojos acuosos y desorbitados. La novedad es una serie de dibujos a tinta, impecables en la línea, que logran los mismos efectos sin auxilio cromático. Si algo caracteriza la personalidad de Carranza es esta vehemencia agresiva, insolente y temeraria, que vuelve a sus obras un inquietante anuncio de estallido.

Marcel Velaochaga es el autor de una obra inolvidable, realizada hace pocos años, que, tomando el famoso cuadro de Luis Montero, "Los funerales de Atahualpa", obra del siglo XIX, ampulosa, de rasgos operáticos y lectura múltiple, usurpaba los personajes e introducía íconos y realidades de la historia, pasada y presente, logrando un efecto crítico de dimensiones notables. Es el mismo artista que está presentando "Machu Pictures" (Galería Vértice), conjunto de pinturas que acude a estrategias del pop, que usa como fondo la geografía espectacular de Machu Picchu e incorpora imágenes que han devenido en íconos contemporáneos, y trata de crear discursos sobre la intromisión, la inclusión, la globalización, y aun cita a la historia, sea en la utilización del Pizarro de D.Hernández, o de la foto del astronauta en la Luna. Esta vez el resultado no es poderoso, ni siquiera inquietante. Los modos de la publicidad, de los recursos de la gráfica para el afiche, aun del juego rápido del spot, están presentes y no logran atrapar y llevar a una reflexión más aguda, que pareciera ser la meta del autor. Velaochaga posee un talento y una agudeza que esta vez no se revelan.

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