El 20 de octubre, Juan Mella Montoya asesinó de una cuchillada y en plena calle a Juan Raiser Patiño, ex jefe de seguridad del Concejo de La Punta y quien fuera su amigo por años
En la puerta de su solar ubicado en la calle Larco, en el distrito chalaco de La Punta, Juan Raiser Patiño cargaba en brazos a su hija de doce meses. Era la 1 p.m. del sábado 20 de octubre y ambos volvían de su acostumbrada caminata por el malecón cuando, de pronto, el fornido padre de 47 años, a quien todos llamaban Johnny, vio a un hombre acercarse.
Era Juan Mella Montoya (56), el amigo con quien había cortado relación hacía solo algunos meses. Ante la sorpresa, Raiser entregó la niña a Jackie, su pareja, y prometió regresar pronto para el almuerzo. A unos metros del cruce de Larco con la avenida Grau, ambos se enfrascaron en una discusión vehemente: Mella quería de vuelta el revólver que le dio en garantía por un préstamo hecho un año atrás y que Raiser vendió en la creencia de nunca más volver a ver su dinero.
Muy cerca del lugar y a través del espejo de su bodega, Felipe Schiattino, jefe de los bomberos de La Punta y amigo de Raiser, vio cómo el pleito se tornó súbitamente en una acalorada lucha, y entonces intervino. Tras tomar a Mella por los brazos, exclamó: "Deja ese cuchillo, loco, te vas a desgraciar", pero ya era muy tarde: El tajo a la altura del pecho de la víctima lo dijo todo. "Ayúdame, Felipe", pidió Raiser, en la desesperación y la conciencia de lo grave de su herida. Mientras esto ocurría, la única ambulancia de los bomberos de La Punta prestaba apoyo en otra zona del Callao. Por ello, Raiser, con una mano en el mortal corte, caminó, vacilante, unos quince metros en dirección a una avenida cercana antes de caer, finalmente, al suelo.
Quienes hicieron caso a los pedidos de auxilio de Schiattino no fueron solo vecinos de la víctima, sino también amigos de infancia de Johnny y, en el estupor de la escena, ni ellos, ni el policía municipal ni la policía de tránsito vieron cómo Mella, pisando el asfalto lenta y rabiosamente, se alejó del lugar. Nadie salvo el periodista Ángel Coveñas, quien cogió su cámara fotográfica y siguió al presunto asesino las seis cuadras que caminó antes de ingresar a su casa, ubicada frente al malecón Wiese, de donde saldría minutos después. Cuando, algo más sereno, Mella pensó que nadie sabría de él en muchos días, varios agentes policiales de La Punta se abalanzaron hacia él y lo redujeron al intentar subirse a una combi.
En ningún momento de la captura Coveñas dejó de disparar su cámara. Esa fue su modesta manera de vengar a Raiser, un amigo que en aquel instante creía ya muerto. En una de las muchas tomas que hizo se aprecia el instante exacto en que Mella lo miró con furor y profirió algo que es, hasta ahora, motivo de turbación en las tranquilas calles de La Punta. Le dijo: "El próximo eres tú".
SIN CULPA NI REMORDIMIENTO
Una llamada a la comisaría de La Punta anunció que Raiser había muerto en la de sala de emergencias del hospital Daniel Alcides Carrión, minutos después de haber sido apuñalado y a consecuencia de una intensa hemorragia.
--Se lo merecía --balbuceó Mella al brigadier Esquivel, encargado de vigilarlo. El homicida no mostraría allí signo alguno de remordimiento: lucía sereno aunque, de alguna forma, también parecía estar en otro lugar.
Horas más tarde, en una rauda intervención policial al hogar de Mella, los agentes hallaron un puñal de marca Ming Sheng --con la cabeza de un águila dibujada en el mango-- oculto en uno de los jardines y al interior de una bota negra talla 43. Aquella, no lo dudaron un segundo, era el arma con la que se había cometido el crimen.
UN HOMBRE DE ARMAS TOMAR
Según varios de sus vecinos, Juan Mella Montoya poseía una personalidad extraña. Hay quien lo recuerda como un hombre que llevaba siempre puesto un grueso gabán negro y se pasaba las tardes enteras leyendo el periódico frente a su casa. Otro dice que solía apuntar con un arma y desde su azotea a los perros que pasaban por allí. Boris Lozada, quien vive junto a él, refiere que el asesino amenazó en reiteradas ocasiones y sin motivo alguno a su madre con el mismo puñal que habría usado para cometer el crimen.
Pero no solo eso. Según consta en los archivos de la comisaría de La Punta, el 20 mayo último, Mella, abordo de su Volkswagen rojo, fue perseguido por tres vehículos policiales hasta su hogar, adonde se internó desoyendo los exasperados llamados de los agentes. Tras ello, el hombre saldría por la ventana solo para exclamarles: "¡Que venga a sacarme el juez!".
Cuando al fin lo detuvieron, la policía le confiscó una pistola lanza-señales, de uso exclusivo militar, además de una granada de guerra y un arsenal de municiones para revólver y escopeta.
PERSONALIDAD BIPOLAR
¿Qué llevó a Mella Montoya a asesinar a Raiser, un probo ex jefe de seguridad de la Municipalidad de La Punta y quien hasta mayo de este año había sido su amigo? Tomando en cuenta su súbita aparición la tarde de aquel sábado fatal y el hecho de que llevaba consigo un puñal escondido entre sus ropas, podríamos hablar de un crimen premeditado al que se añaden ahora dos datos cruciales.
El primero de ellos es que Raiser había denunciado ya a Mella por reiteradas amenazas de muerte a lo largo de este año. El segundo, de acuerdo a un amigo cercano a la familia de la víctima, es que el 25 de octubre, Raiser había sido citado para declarar en el caso que se le sigue a Mella por la ilegal tenencia de las armas halladas en su casa en mayo, cuando sucedió la persecución. ¿Acaso presumía Mella que su otrora amigo revelaría a la justicia haber recibido de sus manos un arma en calidad de garantía por un préstamo, hecho que sin duda terminaría por sepultarlo? ¿ Pudo ser este el motivo de su desorbitada forma de silenciarlo, de evitar, con su muerte, que declarara en su contra?
Jackie, la compañera de Raiser, ignora por qué este y el homicida cortaron abruptamente su amistad. "Él era adorable: trabajaba como asesor en la Municipalidad de La Punta y le encantaba cocinar", añade. A fines de este año, ambos tenían planeado casarse.
Por ahora, se sabe que el tratamiento psiquiátrico que Mella recibe por depresión y alteraciones de personalidad bipolar podría beneficiarlo en un proceso que, en otro contexto, lo llevaría a pasar hasta quince años en prisión. ¿Podrá la justicia hacerse cargo de él? Solo el tiempo lo dirá.
MÁS DATOS
4El diagnóstico psiquiátrico realizado tras su detención del 20 de mayo pasado señala que Juan Mella Montoya "sufre de aguda depresión nerviosa, es fármacodependiente y tiene trastornos bipolares y de personalidad bisocial".
4Se supo que, tras la detención de Mella, su esposa e hijos se mudaron de la casa de La Punta a Chaclacayo, donde han optado por el silencio.
4Solo la madre del presunto homicida se ha quedado allí y, de acuerdo a versiones recogidas en estos días, ha sido injusto blanco de comentarios por parte de los lugareños.
4En su testimonio policial, Mella dijo haber adquirido el puñal retráctil, un arma que se activa presionando un botón, de un vendedor ambulante en la avenida Alfonso Ugarte, hace dos años.