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El nuevo Estado de bienestar

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Por Francisco Miró Quesada Rada. Politólogo

Durante el Segundo Foro Perú-Unión Europea, Felipe González, que fue jefe del Gobierno Español y líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), precisó que los países de América Latina deben preocuparse por reducir la pobreza. Añadió que la discusión en torno a este tema debe concentrarse fundamentalmente en el crecimiento económico y la generación de empleo, criticando a los populismos de izquierda y a las simplificaciones de la derecha.

En este contexto, puso como ejemplo la experiencia europea después de la Segunda Guerra Mundial, calificándola de exitosa por su crecimiento económico sostenible, industrialización avanzada, cohesión social y políticas democráticas basadas en compromisos coherentes y maduros.

Como se sabe, el crecimiento y el progreso de Europa Occidental se debió al Estado de bienestar, modelo de desarrollo económico y social creado por los europeos, pero que dadas ciertas condiciones específicas de crecimiento económico podría aplicarse en otros continentes. Este Estado de bienestar logró compatibilizar el libre mercado con el interés social. Funcionó eficazmente en los años 60 y 70, para empezar a declinar y entrar en crisis en los años 80 en adelante, una crisis que está siendo analizada por especialistas que intentan impedir la pérdida de los beneficios sociales a consecuencia de la liberalización total y absoluta del mercado.

Cabe precisar que el crecimiento social anterior ha servido de colchón contra los efectos negativos del mercado e incluso de la globalización, esta última entendida como un proceso que también tiene logros positivos indiscutibles.

Pero es curioso advertir que cuando empezó el proceso liberalizador de la economía europea, produciéndose un repliegue del Estado de bienestar, la economía no creció como se esperaba y aumentó el desempleo. Hay datos que así lo demuestran.

Si bien el Estado de bienestar fue una respuesta a la problemática socioeconómica europea, cabe advertir que este modelo funcionó mejor en unos países que en otros. En Suecia con mucho éxito. En Francia y Alemania con relativo éxito. En Grecia, España y Portugal con mayores problemas por el exceso burocrático y, por lo menos al inicio, por la baja calidad de los servicios.

En principio el Estado de bienestar responde a la pobreza disponiendo de unas finanzas públicas saludables, reduciendo la desigualdad social y generando importantes niveles de empleo. Todo al mismo tiempo. Además, tiene fundamentos no solo de orden económico y social, sino políticos y éticos. Políticos porque solo debe y puede funcionar en una democracia y éticos porque ha sido creado para proteger la condición humana, es esencialmente humanista y democrático.

El Estado de bienestar nunca se aplicó en América Latina, aunque existieron intentos. Nuestro continente ha sufrido las consecuencias de políticas nacionalistas-populistas o liberales sin ninguna orientación social, basados en programas serios y coherentes. Lo único que hemos tenido son programas asistenciales de corto plazo.

La invocación de Felipe González nos lleva a una seria reflexión en torno al desarrollo humano y social de América Latina que, a mi parecer, en una época de crecimiento económico, las condiciones están dadas para emprender la tarea.

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