Poco se sabe de cómo los comunicadores han encontrado mecanismos para mejorar los mensajes que difunden masivamente
Por: Arabella Krateil. Publicista (*) |
La intención de mejorar los contenidos de nuestra televisión parece ser una acción orquestada que compromete a muchos. Los cambios no se verán de la noche a la mañana, pero empieza a sentirse una orientación distinta y un mayor compromiso de los medios de comunicación en su conjunto.
Los televidentes manifiestan diariamente su aprobación o rechazo comprando o no determinadas marcas, sintonizando canales o programas. Es decir, se ejerce la libertad de premiar o castigar según gustos, preferencias y hasta valores. Pero es poco lo que se sabe de cómo los comunicadores han encontrado mecanismos para mejorar los mensajes que se difunden masivamente. Creo importante resaltar el conjunto de iniciativas que se viene dando.
Por un lado, la Sociedad Nacional de Radio y Televisión desde que actúa coherente y cohesionadamente se ha impuesto un Código de Ética. Esta autorregulación consiste en vigilar la calidad de la información que se brinda a través de la comunicación comercial.
De otro lado, la Asociación de Anunciantes (ANDA), que agrupa a los principales anunciantes del país y, por lo tanto, representa el gran motor que posibilita la televisión como la conocemos en el Perú, tiene un Consejo de Autorregulación Publicitaria cuyo objetivo es fomentar el desarrollo de la industria publicitaria bajo principios básicos de legalidad, decencia, veracidad y lealtad. Una de las herramientas del ANDA es su conocido Semáforo Ético, que vigila los programas televisivos calificando sus contenidos por colores: rojo, ámbar y verde.
Estos mecanismos tienen ya un par de años y siguen perfeccionándose. No son perfectos, pero permiten a los anunciantes identificar qué programas pueden apoyar con mayor tranquilidad.
Un componente que acelera este proceso ético es la posición fiscalizadora del Indecopi, que en los últimos años impuso un régimen de terror con sus altas multas y sanciones. Año a año, incrementó en número sus intervenciones hasta que no quedó agencia sin un susto de por medio y cada día hay una mayor conciencia y cuidado en los mensajes.
A esta labor se han sumado de forma voluntaria empresas privadas como Backus, que ha establecido su propio pacto con la sociedad. Ahora sus marcas no necesitarán mostrar traseros femeninos para vender una cerveza, han sofisticado sus criterios bajo una regulación que ellos mismos se han autoimpuesto. En un primer momento puede que se sientan algo limitados, pero los retará a ser más creativos. Las empresas son conscientes de que es más sano y prudente autorregularse que esperar la imposición de una ley. De modo que en nombre de su "responsabilidad social" son más conscientes del nivel de su comunicación.
Estamos en una época en la que hay una crisis de valores en el mundo. Frenar este fenómeno con nuestros recursos locales es difícil de imaginar. Pero sí podemos hacer un alto como sociedad para reflexionar y encontrar fórmulas que nos eviten caer en lo más profundo del hoyo. A partir de allí, es un compromiso individual que podemos fomentar en los grupos que representamos. Es entonces que debe oírse nuestra voz cuando digamos: ¡paren que me bajo!
* Gerenta de planeamiento de Pro-Perú