Por: Alejandro Toledo. Ex Presidente de la República |
Hoy en el pleno de la Cámara de Diputados del Congreso estadounidense se producirá una de las últimas votaciones para hacer realidad el tratado de libre comercio (TLC) entre el Perú y Estados Unidos. De ser favorable, como anticipamos, en las próximas semanas se sometería a la última votación en el senado de ese país.
Miremos la potencialidad de estos instrumentos desde una óptica más amplia.
El libre comercio en nuestro hemisferio es un componente esencial en la estrategia de lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y el populismo. Pero solo tendrá sentido si logramos arrancar de la pobreza, la miseria y la exclusión a cerca del 40% de los latinoamericanos. Esto exige, entre otras políticas sociales deliberadas, generar, en el corto y mediano plazo, puestos de trabajo y remuneraciones dignas, así como ingresos personales y fiscales que permitan aumentar la inversión pública en salud y educación de calidad para redibujar el rostro social de la región.
Hoy que las turbulencias y las protestas sociales (muchas veces justificadas) se expresan en algunos países latinoamericanos, es necesario conciliar el vigoroso crecimiento de la región en estos últimos cinco años (un promedio de 5%), con una mejor distribución de los beneficios de ese crecimiento.
América Latina está atravesando por un período de expansión económica con pocos precedentes en su historia. La región tendrá su quinto año de expansión económica consecutiva. En el 2006 los países de mayor crecimiento fueron el Perú (7,9%), seguido de Argentina, Venezuela, Brasil, Colombia, Chile y México. Los países andinos (Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú) también crecieron por quinto año consecutivo, llegando en el 2006 a un promedio de 6%.
EL TLC Y LA ECONOMÍA PERUANA
En el caso específico del Perú, la administración y el Congreso de Estados Unidos deben encontrar un espacio común para promover un acuerdo consensuado que permita la ratificación del TLC. El TLC es una autopista de doble vía. Por un lado, beneficia a Latinoamérica, pero también beneficiará a Estados Unidos. La voluminosa producción agrícola, industrial y tecnológica estadounidense encontrará en la región --y particularmente en el Perú-- un mercado en constante expansión, como pocas veces se ha visto en su historia.
Este año el Perú crecerá alrededor del 7,5%. En el 2006 el crecimiento fue de 7,9%. En el mismo año, la inflación fue de 1,14%. Según Standard & Poor's y la agencia Fitch, es muy posible que este año mejore la calificación positiva de la deuda peruana, que ahora está en BB+, hasta alcanzar el grado de inversión. Desde el 2004 las exportaciones peruanas crecieron a un ritmo superior al 30% anual, y solo en el 2006 se vendieron US$23.400 millones, casi 40% más que el año anterior. En ese mismo año, el 32% de nuestras exportaciones se vende a los mercados del Nafta, 21% a Asia y 19% a Europa. Estas cifras de los últimos seis años han sido calificadas por el representante estadounidense ante la OMC como "el milagro económico peruano".
La primera semana del mes de agosto de este año llegó al Perú una delegación de congresistas demócratas bajo el fuerte liderazgo del Sr. Charles Rangel, presidente de la Comisión de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, para cotejar en el terreno sus razonables preocupaciones por los temas laborales, del medio ambiente, entre otros. Después de esa visita, el camino en Washington quedó despejado para sus aprobaciones en las comisiones respectivas y, seguramente, hoy en el pleno del Congreso, mirando nuestras relaciones con visión de futuro.
El TLC también puede permitirle al Perú abandonar su crónica dependencia de exportación de materias primas, agregando una mayor diversificación a su crecimiento.
Hoy, la minería es el principal producto de exportación nacional, pero tan pronto entre en vigor el TLC, esta herramienta comercial puede convertirse en una gran locomotora que jale a la pequeña y mediana empresa, multiplicando el valor agregado de nuestra oferta exportadora y generando más puestos de trabajo. Tal como lo reconoce la revista inglesa "The Economist": "El acceso preferencial al mercado norteamericano impulsará una mayor diversificación y crecimiento de las exportaciones no tradicionales. El impacto del TLC en la economía peruana sería enorme, pues aumentaría por lo menos en dos puntos porcentuales más el crecimiento sostenible de una de las economías más sólidas de América Latina y generaría 6 millones de puestos de trabajo en diez años".
Se tiene previsto que en el año 2010 el Perú iniciará sus exportaciones de gas licuado (LNG) por un valor estimado de mil millones de dólares al año, lo cual representaría otro punto y medio porcentual más del PBI asegurado. Esto significa que el país tendría tres y medio puntos porcentuales de partida. Los gobiernos solo tendrían que manejar la economía con responsabilidad y dedicarse de lleno a la implementación de políticas sociales deliberadas dirigidas a ese 44,5% de pobres y excluidos. Claro que el Gobierno actual ya está en condiciones de focalizarse en políticas públicas responsables dirigidas a los más necesitados.
LOS RETOS DEL MOMENTO
En los últimos cinco años, los empresarios peruanos convirtieron la región desértica del sur y el norte peruanos en un páramo verde, lleno de oportunidades y promesas casi cumplidas. Hasta antes del terremoto del 15 de agosto, en Ica --una de las regiones más afectadas por el sismo-- había pleno empleo. El crecimiento de la agroindustria ha sido simplemente extraordinario. La escasez de agua ha sido resuelta adoptando sofisticadas tecnologías de riego que han multiplicado la productividad de esas tierras. El Perú es el país más productivo del mundo en mangos y espárragos, somos terceros en uva, quintos en paltas y décimos en pimiento. El Perú es el mayor exportador mundial de espárragos verdes, alcachofa y páprika.
Hasta hoy, son más de 75 meses de crecimiento económico consecutivo. Esto obliga al Estado Peruano a asumir, por fin, la obligación impostergable de diseñar proyectos concretos y medibles dirigidos a reducir la pobreza y la desigualdad en el país, como ejes centrales de su política pública, distribuyendo mejor los beneficios de esa expansión económica.
El TLC con Estados Unidos también obliga al Estado Peruano a seguir impulsando el proceso de descentralización política y económica, en marcha desde hace seis años, generando nuevos puestos de trabajo y creando mejores condiciones de vida en las regiones y en las provincias.
LA RESPONSABILIDAD DE LOS SOCIOS
Los países de América Latina, como Colombia, Panamá, Costa Rica y específicamente el Perú, no pueden permanecer secuestrados por las diferencias de políticas comerciales entre republicanos y demócratas. El TLC que los países de América Latina están discutiendo con EE.UU. no es una negociación con alguno de los partidos, es una negociación de Estado a Estado, que trasciende posiciones partidarias internas.
La región, en particular el Perú, espera hoy una señal positiva de parte de Estados Unidos, que refleje un compromiso activo con aquellas democracias que buscan consolidarse y constituirse en freno ante cualquier tentación populista emergente.
Ser socios es siempre mejor que compartir un mismo patio trasero. Esta es la mejor oportunidad para poner en práctica una diplomacia pública bipartidaria que demuestre mutua capacidad de liderazgo entre los socios de la región.
Invocamos a los legisladores estadounidenses a un voto que contribuya al flujo de inversiones que ahora experimenta América Latina. Por su parte, la región está llamada a asumir el reto de redibujar su rostro social y a demostrar que la democracia sí puede entregar resultados concretos y medibles a los más pobres y excluidos.