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ESTA SÍ ES QUE ES UNA GRATÍSIMA NOTICIA. Por fin la ciencia tiene entre sus manos la forma de controlar la sensación de hambre y, con ella, está en condiciones de estimular el apetito, para que los pacientes recuperen su peso, o apaciguar el ansia de comer en quienes luchan contra la obesidad. Ello ha sido posible después de 15 años de investigaciones multidisciplinarias en el Instituto Garvan de Sidney (Australia). La clave estuvo en la identificación de la molécula conocida como MIC-1, una proteína que actúa sobre los receptores del cerebro que despiertan y apagan el apetito. El MIC-1 fue detectado en los enfermos de cáncer y a esta molécula se atribuyó el origen de la pérdida de peso en dichos pacientes. Lo grandioso del pensamiento científico fue que los investigadores contrastaron su descubrimiento con una prueba inversa y lograron desarrollar un antídoto del MIC-1, que reactiva el hambre. Las pruebas con ratones han sido exitosas. Ahora viene desarrollar un anticuerpo humano y los ensayos clínicos. Quedan años por delante, pero ya hay una clara luz de esperanza.
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