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El piloto del Enola Gay

Por Héctor López Martínez. Historiador

El 1 de noviembre último, a los 92 años, en su casa de Columbus, Ohio, falleció el brigadier general Paul W. Tibbets Jr., uno de los personajes más importantes de la Segunda Guerra Mundial, aunque su inmensa fama se apagó muy pronto para convertirse en un hombre polémico con defensores y detractores. Tibbets fue el piloto del avión B-29 que arrojó la bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Su poderosa Superfortaleza Volante había sido bautizada con el nombre de Enola Gay, que era el de su madre.

P.W. Tibbets Jr. nació en Quincy, Illinois, el 23 de febrero de 1915. En 1937 se incorporó al Cuerpo Aéreo del Ejército. Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial ya contaba con notable experiencia y, por eso, el 17 de agosto de 1942 estuvo al mando del primer bombardeo diurno sobre Ruán, Francia. El Alto Mando decidió entonces que volviera a Estados Unidos para convertirse en piloto de pruebas del gigantesco B-29. En setiembre de 1944, en una reunión secreta del más alto nivel, se le puso al tanto de la existencia de la bomba atómica, ordenándosele que eligiera la mejor tripulación para formar la unidad encargada de transportarla y lanzarla. Tibbets se convirtió en el líder del Grupo Aéreo 509, con base en Utah, donde afinaron hasta el último detalle para el cumplimiento de su misión. Una vez listos viajaron a la isla de Tinian, en el archipiélago de las Marianas, para esperar la hora cero.

Esta llegó poco antes del amanecer del 6 de agosto de 1945. El Enola Gay despegó llevando una bomba de uranio. Seis horas y media después fue arrojada sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. El dantesco espectáculo y su luctuoso saldo de muertos y heridos se ha referido muchas veces. El hongo atómico es, sin duda, la figura más siniestra del siglo XX. El 9 de agosto se arrojaba sobre Nagasaki una bomba de plutonio, todavía más poderosa, y seis días después Japón se rendía incondicionalmente.

Al regresar a su base en Tinian, el general Carl Spaatz, comandante de las Fuerzas Aéreas Estratégicas en el Pacífico, condecoró a Tibbets con la Cruz al Servicio Distinguido, la más alta condecoración militar de Estados Unidos de América. Para su país y los aliados, Tibbets era un héroe, pues la conquista del archipiélago japonés habría costado la vida de más de un millón de soldados de Estados Unidos. Respecto a su tarea como piloto del Enola Gay, Tibbets dijo: "Mi misión salvó vidas. Yo no participé en el bombardeo de Pearl Harbor. Yo no empecé la guerra, solo la terminé". Años más tarde surgieron los cuestionamientos morales sobre los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. El manifiesto contra la guerra nuclear elaborado 1955 por el filósofo Bertrand Russell encontró gran apoyo. Tibbets fue el símbolo de esta controversia. En la Norteamérica de los años cuarenta del siglo pasado lo que todos querían era ganar la guerra y que no desaparecieran más vidas jóvenes. 

Con el paso de los años, Paul W. Tibbets Jr. se convirtió en una figura incómoda para los pacifistas de su país. Él solía decir: "Ahora los japoneses son víctimas y nosotros los malvados". Una larga enfermedad lo llevó a la tumba. Tibbets defendió siempre el valor militar de la misión que le confiaron. Jamás tuvo dudas que solo había cumplido con su deber. Su postrera voluntad fue que incineraran su cadáver, pues no quería que su tumba fuera ultrajada con protestas públicas.

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