Rincón del autor
Por Hugo Guerra
Y bien, afanoso lector, finalmente llegamos al punto que los peruanos racionales hemos estado esperando: la suscripción (aunque falta la ratificación del senado washingtoniano) del TLC con Estados Unidos.
Digo racionales, porque solo los extremistas de izquierda pueden oponerse a que nuestros productos ingresen al enorme mercado estadounidense, la generación masiva de empleos para los peruanos y el pleno engarzamiento con la economía global.
El libre comercio con una potencia no es una panacea, pero resulta indispensable en un entorno geopolítico en donde la disyuntiva exige alinearse con la libertad económica y la democracia política, o desbarrancarse en modelos retrógrados como el chavista.
El camino no ha sido fácil. Como ha reconocido la ministra Aráoz, el rumbo lo fijó Toledo y aunque el Apra se confundió en la campaña electoral, el presidente García ha tenido el mérito de darle al tema el nivel de política de Estado hasta alcanzar el éxito.
Los opositores, entre tanto, solo han dicho una verdad a medias: que ciertos sectores productivos serán afectados. Han callado, en cambio, que para hacer frente al TLC muchas empresas peruanas tendrán que hacerse de verdad competitivas o desaparecer.
¿No cree usted, buen lector, que por ejemplo es absurdo mantener líneas de textiles en las que no somos competitivos; u obstinarse en producir calzado en un país donde el cuero es escaso porque no hay ganadería?
En vez de concertar con el Gobierno un modelo creativo de desarrollo dentro de la globalización, la CGTP y la coordinadora de izquierda prefieren aliarse con industriales incompetentes que quisieran volver a ser rabonas de un Estado que prefería dar la gracia del dólar MUC, en vez de administrar bien los aranceles como ahora. Los marxistoides saben que su prédica solo tiene sentido en economías pobres, regidas por gobiernos populistas; y que, en cambio, con la globalización tendrán que disputar el botín sindical con gremios mucho mayores como la Federación Americana del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO).
Temen, además, que la alianza con EE.UU. extermine a los sicarios senderistas y emerretistas que mantienen a las cúpulas cocaleras con dinero del narcotráfico.
Para los neocomunistas, sachasocialistas, pseudoecologistas y los mal llamados nacionalistas resultaba fundamental abortar este TLC porque el Perú es bastión clave para la expansión de aquel "socialismo del siglo XXI" que hoy muestra su verdadero rostro criminal con el apaleo de estudiantes en Caracas, la amenaza de intervención militar en Bolivia y la inquietante alianza con Irán. Por eso Chávez se metió en nuestras elecciones y ahora financia la agitación de las momias rojas que salieron a las calles el mismo día en que celebramos el TLC.
Estemos prevenidos, querido lector: la agitación va a crecer y, salvo que el chavismo implosione, de aquí al 2011 vamos a ver a nuestro país convertido en escenario de una muy peligrosa guerra política.
Estamos avisados, a partir de la suscripción del TLC los sirvientes del chavismo van a acentuar la agitación política y laboral