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El fin de fiesta menos pensado

El presidente venezolano, Hugo Chávez, se encargó de tirar al tacho la idea central de la Cumbre Iberoamericana: promover el acercamiento entre nuestros pueblos

Por: Cecilia Rosales Ferreyros. Enviada especial |

La falta de respeto hacia las personas que no comulgan con sus ideas, que ya es una característica recurrente en el discurso del presidente Hugo Chávez, de Venezuela, generó ayer una situación incómoda en la clausura de la Cumbre Iberoamericana.

Chávez, a pesar de que la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, pidió a los presentes que fueran breves en sus intervenciones porque algunos mandatarios tenían que retirarse (la clausura estaba programada para las doce y eran cerca de las doce y treinta), aprovechó, como suele hacerlo, para insistir largamente en plantear sus ideas que siempre sazona con calificativos a quienes lo critican. No faltó en su perorata su insistencia en establecer maniqueísmos (la lucha de los ricos contra los pobres, de los indios contra los blancos), su menosprecio por el libre mercado, las transnacionales, fustigó a la Iglesia, a Estados Unidos y a todo aquel que ha logrado darse cuenta de su innata vocación dictatorial (su insistencia en la reelección indefinida es solo una muestra de ello). Y reiteró su amenaza de que si en Bolivia ("si matan al macaco menor, como le dicen a Evo Morales") y en Venezuela cierran el camino de las revoluciones pacíficas "pudiera explotar este continente en violencia si los yanquis pretendieran oponerse".

Pero en su cháchara, que incluyó como siempre extensas reflexiones históricas, cometió el error de descalificar una vez más al ex presidente del gobierno español José María Aznar, a quien calificó de golpista y que "anda diciendo por el mundo que soy un dictador". Por eso el jefe del Gobierno español presente, José Luis Rodríguez Zapatero, le salió al frente, con serenidad pero con firmeza, para decirle, palabras más palabras menos, que respetos guardan respetos. "No seré yo el que esté cerca de las ideas de Aznar, pero el presidente Aznar fue elegido por los españoles. Exijo respeto".

Pero Chávez, fuera de micrófono, lo interrumpía. "Dígale usted lo mismo al presidente Aznar", se escuchaba a lo lejos. En ese momento se escuchó la réplica, también fuera de micrófono, del rey Juan Carlos: "Por qué no te callas".

El Centro Internacional de Prensa de la Cumbre, donde se veían las imágenes de la discusión, estalló en sorpresa. Varios periodistas corrían a acercarse a la pantalla gigante porque no podían creer lo que estaba ocurriendo.

"Podrá ser español pero es un fascista", seguía interrumpiendo Chávez fuera de micro ante la molestia de la delegación española que había tenido que soportar no solo las críticas a Aznar sino también a su país y a empresas de capitales españoles que invierten en Latinoamérica.

"Hay una esencia y un principio en el diálogo, y es que para respetar y para ser respetado debemos procurar no caer en la descalificación", continuaba Rodríguez Zapatero sin alterarse ante las malacrianzas de Chávez.

"Es una buena forma de poder trabajar, de poder entendernos en favor de nuestros pueblos que nos respetemos, que respetemos a los representantes democráticos. Que sea una forma de conducta en un foro que representa a todos los ciudadanos. Y que sea una norma de conducta de los que integramos este foro para que uno luego pueda ser respetado".

La tensión iba en aumento y Bachelet le dio la palabra al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, mientras se escuchaba a Chávez que seguía interrumpiendo: "Dame unos segundos para unas frases". Bachelet recordaba que por favor solo tres minutos por presidente porque había que firmar la Declaración de Santiago.

Ortega, contagiado tal vez por la prepotencia chavista, le espetó que las intervenciones son interrumpidas cuando no coinciden con ciertas ideas. "Si no nos va a dar el derecho de hablar, no tiene sentido esta cumbre". El rostro de Bachelet se endureció y Chávez apoyado por Ortega interrumpió: "Para responderle (a Zapatero) con una frase de un infinito hombre de esta tierra, José Gervasio Ortigas. Con la verdad ni ofendo ni temo. El Gobierno de Venezuela se reserva el derecho de responder. El derecho de responder unas agresiones en cualquier espacio y en cualquier tono".

Ortega retomó su intervención, en la que también fustigó a las empresas españolas y de pronto otra vez en el centro de prensa empezaron a correr decenas de periodistas a las puertas. "¿Qué pasa?" "El rey se va". Pero como el centro de prensa está alejado de la zona donde se realiza la reunión de presidentes, cuando los periodistas llegaron el rey ya se había retirado (más tarde, el presidente peruano Alan García, lo llamó por teléfono para expresarle su solidaridad). Ortega continuó con su discurso maniqueo (ricos contra pobres) y con el mismo discurso ideológico de Chávez, quien más tarde, respondería al rey Juan Carlos diciendo que "será rey, pero no me puede hacer callar".

La tensión bajó, la clausura se dio y se inició la conferencia de prensa en la que obviamente la primera pregunta a la presidenta Bachelet fue por este incidente.

"Hay que respetar nuestra diversidad y diferencias y expresarlas con respeto. Respeto a no interrumpir a los jefes de Estado y de gobierno y no descalificarnos unos a otros, porque sobre la base del respeto podemos llegar a acuerdos".

Bachelet lamentó que este tema se hubiese vuelto el centro de atención y no el de los resultados concretos de la cumbre. "Cada líder tiene que hacerse responsable de lo que hace y lo que dice".

Y aunque intentó rescatar el mensaje de que en la cumbre, a pesar de las diversidades, se lograron poner de acuerdo en cosas concretas (pensiones para toda Iberoamérica, 1.500 millones de dólares para proyectos de agua, entre otros) quedó la sensación de que el tema central planteado en la cumbre, cohesión social, no fue honrado, porque se observó una Latinoamérica cada vez más polarizada.

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