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El tren de los momentos

Un estibador de mercado entrena desde hace ocho años a niños pobres del Callao. Un empresario peruano quiere llevarse a algunos de sus pupilos a Europa

Por Pedro Canelo

Para estos futbolistas inspirados no hay paradoja más feliz que vivir en un barrio llamado Gambetta. Gerziño Uchuya tiene 11 años, está dejando de ser niño, pero el sueño no se lo quita nadie. Ni siquiera un violento y bullanguero tren que interrumpe las noches hasta convertirlas en prematuras mañanas. A eso de las 6 a.m., Gerziño, muy despierto, recoge su fiel balón desgastado y busca a Leandro Yanac, su vecino, quien también por el estruendo del ferrocarril abrió los ojos antes de que saliera el sol. Juntos otra vez, ellos dos y su talento, se encuentran en la orilla de los rieles. Salen a jugar.

A las 7 a.m. comienza el entrenamiento en la Escuela Talentus del Callao, en la cancha sintética del mercado Minka. El profesor, Jesús Naraza también sabe lo que es levantarse muy temprano. Desde hace ocho años es jefe del servicio de estibadores. Su día comienza a las 4 a.m. con la primera mercadería que debe transportar. Sacos de 120 kilos que no dejan de llegar en camiones y que Jesús Naraza lleva en los hombros sin renegar y disimulando el peso. Sabe que su premio llegará los domingos y lunes de cada semana, cuando regresa a una cancha de fútbol para pulir las habilidades de los 100 niños y casi 20 niñas que llegan desde las zonas más marginales del Callao.

Hace seis meses, Mario Vega, un ex futbolista chalaco que llegó al Atlético de Madrid en los años 60 y que hoy tiene una escuela de fútbol en Washington, fue al campo de Minka. Se sentó y sacó la libreta de apuntes: se quiere llevar a Gerziño Uchuya, primero a Estados Unidos para hacerle una terapia de crecimiento (mide menos de un metro cuarenta) y después a España para probarlo en las divisiones menores del Sevilla. Y no solo él, también Leandro (11 años, juega de marcador derecho, la posición que tanto nos hace falta) y Rosa Espinoza, con 20 años, estudiante de enfermería y ex jugadora del Alianza Lima y Sporting Cristal, tienen la opción de emigrar a algún equipo español. Vega dice que se hará cargo, y estos muchachos lo esperan antes de que termine el 2007. Sus familias también.

Ferrocarril chalaco
"Estos son niños y jóvenes de las zonas de Gambetta, Dulanto y Santa Marina. Aquí los recibimos a todos", dice Naraza, quien en los años 90 jugó en las divisiones inferiores del Sport Boys y se retiró en 1992 después de jugar la Copa Perú. La mejor prueba de la apertura de esta escuela es la presencia de Miriam Vidal, trabajadora de Minka en las mañanas, estudiante de enfermería por las tardes, cantante vernacular por las noches y el resto del tiempo futbolista.

Todos los chicos de la Escuela Talentus llegan vestidos de azul, porque según Naraza ese color motiva. Se reúnen primero para el entrenamiento común: el trote y el paso por los conos de plástico naranjas. Después hay espacio para lo vistoso. Chalacas y pataditas, bien peruanos, bien del Callao. A los chicos de Talentus los han invitado para campeonatos de menores, para partidos de fútbol mixto y para exhibiciones en actividades.

La Escuela Talentus ya promovió a su primer jugador en un equipo profesional. Kevin Rojas tiene 14 años y entrena con la Universidad San Martín de Porres. Es uno de los diamantes pulidos por Naraza y siempre regresa porque dice que es agradecido. La Escuela Talentus sigue, no se detiene, es la mejor metáfora de ese tren que los vigila y los despierta. Transcurre y madruga, todos miran su paso. Nadie imagina toda la carga que lleva encima.

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