ÁNCASH ES MÁS QUE SUS LUGARES SÍMBOLO. EN LA PROVINCIA DE HUARI, A MÁS DE 3.000 M.S.N.M, UN CONJUNTO DE PAISAJES, DEPORTE E HISTORIA LO ESPERA PARA UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE
Por Vanessa Romo Espinoza
El Callejón de Conchucos, ubicado en el flanco oriental de la Cordillera Blanca, no solo guarda celosamente los restos de la cultura Chavín y la leyenda del dios Huari. Un poco olvidada por el popular circuito ancashino, esta zona rodeada de montañas y lagunas tiene más que mostrar, tanto al turista aventurero como al amante de la historia.
Huari, provincia localizada al este de Huaraz, región de Áncash, lleva el mismo nombre que la deidad de los cerros. Estas montañas, que conservan el nacimiento de la flor de Huagancu a los 3.100 m.s.n.m, son la cuna de civilizaciones preincaicas que aún están en proceso de investigación.
Desde este año con el Festival Ecoturístico Gran Chavín organizado por este pueblo, la Municipalidad Provincial de Huari quiere impulsar el turismo de aventura en la agenda de todo visitante.
RUTAS DE LA AVENTURA
Si lo que busca es conocer Huari con la mochila y el bolso de dormir puestos, debe empezar desde muy temprano. El punto de partida es Huari. Y si coordina previamente con la municipalidad de ese distrito, solo tendrá que costear la alimentación del guía.
Luego de una caminata de una hora llegará a la hidroeléctrica María Jiray, desde donde comenzará el trayecto de veinte minutos hacia las cataratas que llevan el mismo nombre. Aquí ya se encuentra a 3.600 m.s.n.m. Los impresionantes treinta metros de caída de agua entre los cerros y quebradas de la zona lo dejarán boquiabierto.
En este mismo punto, los deportes de aventura como el rappel o el cannoying han empezado a ser los favoritos de los visitantes. La Municipalidad de Huari brinda el alquiler de los equipos y, dependiendo de su disponibilidad, estos pueden ser prestados sin ningún pago de por medio.
El día continúa en trekking hasta el centro poblado de Acopalca, a veinte minutos de María Jiray. La parada obligatoria para observar las piscigranjas de truchas y degustarlas (fritas o en cebiche) no debe ser omitida. En este pueblo han empezado a ampliar las ofertas de restaurantes y hospedaje.
Purhuay, a la misma altura de María Jiray, es el próximo lugar en el mapa del aventurero. La laguna de dos kilómetros y medio, con el reflejo del nevado Rurichinchay en sus aguas, es la mejor manera de acabar la tarde, ya sea recorriéndola en bote o káyak. El reto es llegar a la cola de la laguna, desde donde se puede ver parte de la Cordillera Blanca en un paisaje de ensueño. En el mismo Purhuay existen hospedajes a S/.30 o puede acampar cerca a la laguna.
La mañana siguiente es de amanecida, para bordear a pie la laguna y conocer Llamacorral y Puente Viejo, a treinta minutos y una hora, respectivamente. En ambos se ubican restos preíncas del período Intermedio Tardío, y desde el 2005 el grupo italiano Antonio Raimondi realiza estudios en esa zona.
Luego de Purhuay, y si el tiempo es apretado, puede optar por una de dos rutas. La primera implica continuar caminando 50 minutos hacia Raparin, laguna en la que tendrá la oportunidad de hacer pesca artesanal de truchas con los mismos pobladores. La segunda opción es regresar a Huari y enrumbar hacia Chinchas, a media hora de caminata. Desde ahí comienza una hora y media más de trekking hacia el Markajirka, a 4.100 m.s.n.m.
Aquí se concentra la mayor cantidad de restos preíncas de esta zona. En los cinco kilómetros de recorrido se encuentran los restos arqueológicos de Huacchis y Rapayán, con edificios de más de seis pisos y chullpas. El paseo implica todo un día de caminata, por lo que se recomienda quedarse una noche acampando. Hay un albergue que brinda techo y fogones, pero debe ir preparado para pasar la noche a la intemperie.
Si desea visitar estos lugares, pero el caminar no es su actividad predilecta, hay buses y carros particulares que muchas veces llegan hasta los mismos lugares. El precio de la movilidad va desde los S/.3 hasta los S/.20.