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¿Se puede hacer negocios con Chávez fuera de la política?

Por: Juan Paredes Castro |

El presidente Alan García y su ministro de Relaciones Exteriores, José Antonio García Belaunde, podrían lamentarse más tarde de las percepciones con que hoy juzgan al régimen venezolano y a quien lo encarna: el comandante Hugo Chávez.

En efecto, el mandatario peruano acaba de abrirle las puertas a la inversión petrolera venezolana bajo el argumento pragmático de que los intereses económicos del país van por una cuerda y las consideraciones políticas e ideológicas por otra.

Tampoco se han querido quedar atrás del mismo argumento el canciller, la ministra de Comercio Exterior, Mercedes Aráoz, y el presidente del Congreso, Luis Gonzales Posada, en el sentido de que el Perú no va a discriminar las inversiones según el color político de los países o los gobiernos que las hacen y promueven.

El error del presidente García y de su entorno consiste en aplicar un razonamiento válido para países y gobiernos que efectivamente creen en la democracia y en la libertad de mercado, a una Venezuela sometida a una dictadura y a un gobernante como Chávez, quien precisamente no separa los negocios de la política y menos del manejo casi personal que él tiene de la petrolera PDVSA.

García podría estar confundiendo a Chávez con los gobernantes de China, que sí han abierto su economía y sus negocios por encima de la rigidez de su sistema político. Es más: lejos de permitir la mínima injerencia política en la administración de sus inversiones internas y externas, China promueve al máximo la confiabilidad de estas bajo las estrictas reglas del mercado internacional.

Lamentablemente PDVSA no ha logrado hasta hoy liberarse de las etiquetas de ineficiencia y politización que caracterizan su estructura, como tampoco ha podido desembarazarse del control que ejercen sobre ella Chávez y su gobierno. PDVSA no es pues Petrobras ni Repsol ni Endesa ni Telefónica, cuyos sellos de nacionalidad de origen no les restan libertad, autonomía y credibilidad en los mercados competitivos del mundo. PDVSA, en cambio, no goza siquiera de la entera confianza de la OPEP, a la que está tan ligada. Más bien aparece como un estratégico brazo político-económico del régimen.

El canciller García Belaunde ha dicho algo más: que lo que hay en Venezuela no es una dictadura ni una autocracia, sino "una democracia de baja intensidad".

Es el Gobierno Peruano el que tiene que bajar la intensidad de cierta complacencia con Hugo Chávez y su proyecto absolutista.

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