Haber perdido siete partidos de ocho en la Copa del Mundo obliga a reflexionar
Por Luis Silva Nole
Seis meses después de su contratación, es momento de preguntar si la presencia del técnico brasileño Enio de Figueiredo ha sido buena para nuestra selección femenina. Es momento de reflexionar si hay futuro con un estratega que cuando dirigió a Brasil, a finales de los años 70 y principios de los 80, a las auriverdes se les hacía muy difícil vencer a las matadoras de la blanquirroja.
Tras siete derrotas peruanas en ocho presentaciones en la Copa del Mundo que se juega en Japón, es oportuno analizar si fue acertado quitarle tan bruscamente el buzo del combinado nacional a Carlos Aparicio --pese a los anticuerpos que tenía dentro y fuera del plantel, él conocía muy bien a las jugadoras, y fue despachado al banquillo de la selección masculina-- y entregárselo a un técnico que antes de decirle sí a Perú no había estado en un real ritmo de competencia.
Además, ya en los Juegos Panamericanos de Río, en julio, la relación entre Enio y el grupo de jugadoras daba visos de que no llegaría a estrecharse, por decir lo menos.
Aquella vez, luego de perder la medalla de bronce ante Estados Unidos, Mirtha Uribe, una de las principales atacantes de la selección, criticó públicamente al brasileño diciendo que no conocía a las jugadoras. "Cuando pasábamos dificultades, él miraba con angustia al banco, demostrando que no sabía qué hacer", comentó a la prensa Mirtha, quien aseguró sentirse frustrada porque Enio no la tomaba en cuenta para ingresar al campo de juego.
Eso sin contar el problema no del todo esclarecido que desencadenó al no convocar a la levantadora Elena Keldibékova luego de la Copa Panamericana de México, en junio. Situación que, ante la ausencia de la otra armadora, Verónica Contreras, por estudios, generó una crisis en la actual Copa del Mundo de Japón, donde la juvenil Zoyla La Rosa, de solo 17 años, tuvo demasiada responsabilidad al asumir de golpe el titularato en las ligas mayores.
En la Copa del Mundo, Perú --puesto 18 del ránking mundial-- ha caído ante equipos que están por encima de nosotros en el escalafón FIVB y solo le ha ganado a Kenia. Aplicando la lógica, eso no tendría nada de preocupante, pero, ojo, si llegamos a Beijing 2008 seguramente enfrentaremos ahí a varios de esos equipos y es fácil predecir los resultados.
Lo cierto es que, pase lo que pase en sus últimos tres partidos --mañana ante Corea del Sur, el jueves ante Tailandia y el viernes ante República Dominicana--, Perú ya resignó su pase a los Juegos Olímpicos (clasifican los tres primeros y las chicas están décimas entre 12 equipos). Aunque todavía nos queda la oportunidad del Preolímpico, que se jugaría sin Brasil, hoy tercero en este torneo japonés.
Pero todo quedaría en nada si las chicas --varias treintañeras-- se juntan solo para el torneo, como ha sucedido para la Copa del Mundo, sin un tiempo de preparación.
Haber quedado en el segundo puesto del Sudamericano de Chile, en octubre, resultó un espejismo y no el atisbo de progreso que muchos vieron.
Eso sí. La renovación empezó con Zoyla, Pamela Barrera y Carla Rueda. Hay que tener mucha paciencia para esperar triunfos de peso. ¿Pero conviene esperar con De Figueiredo?
PUNTO DE VISTA
Fernando Aguayo. Ex técnico de la selección peruana
1 Perú llegó a la Copa del Mundo con dos bajas: Verónica Contreras (levantadora), por estudios, y Jessenia Uceda (atacante), por un problema de visas. Esa desventaja se sumó a que el equipo no entrenara antes del torneo. Los resultados negativos eran de esperarse.
2 Con la presencia de las juveniles Zoyla La Rosa, Pamela Barrera y Carla Rueda, chicas de 17 años que fueron al reciente Mundial Sub 18 de México, se ha iniciado la renovación. Por una cuestión de edad, Luren Baylón, Leyla Chihuán, Milagros Moy y Yulissa Zamudio ya están llegando al final de su ciclo. Lamentablemente se perdieron las generaciones de menores del 2002 y 2004.
3 Aún podemos ir a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, pero después se nos vienen cinco o seis años de aprendizaje para las que vienen atrás. Hay que saber esperar, no nos queda otra opción.