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"Yo vendía a escondidas de mi papá"

Vendía periódicos en los micros a los 8 años. No terminó el colegio. Lo que tenía que aprender lo aprendió en la calle. Hoy tiene una cadena de turronerías. Su próxima meta es la felicidad

Por Antonio Orjeda

Criar hijos es mil veces más difícil que hacer empresa. Manuela Jaramillo no la tuvo fácil. Se estrenó como madre vendiendo alfajores en las puertas de las fábricas de la avenida Argentina. No tenía zapatos, pero en casa tenía a alguien por quien luchar.

Manuela ha sacado adelante a sus hijos y a sus hermanos menores. De taquito, originó que en la avenida Tacna haya hoy turrones todo el año. Las marcas Las Limeñitas y Doña Pepa son suyas. El costo de haber alcanzado el éxito comercial aún lo está pagando.

A los 8 años subía a los micros vendiendo periódicos, hoy sale en ellos. Cuántas vueltas puede dar la vida, ¿no?
Por eso yo siempre digo: para hacer empresa no necesitas dinero, ¡hay que ser creativo!

Ni imaginó que terminaría así.
Yo solo pensaba en terminar de vender los periódicos, porque si no, no había para comer.

¿Con qué soñaba entonces?
Con tener una familia feliz, pero nunca la tuve...

¿Cuán fregado era vender en los micros?
Yo ni conocía las calles. Me subía a uno y me bajaba a las dos cuadras porque no conocía.

De ahí pasó a vender limones.
Sí, porque para recoger los periódicos tenía que levantarme a las 5:00 a.m.; y como ya empezaba la escuela... Vendía limones en la mañana y de ahí iba al colegio.

¿Qué edad tenía?
Tendría 11 años.

Llegaría cansada al colegio. Imagino que no le iría bien.
No, porque además había problemas en el hogar.

¿A qué se dedicaban sus padres?
Mi papá era mozo. Mi mamá, ama de casa.

Eran siete hermanos. ¿Cuán difícil era su situación para que a su edad tuviera que salir a vender?
Mi papá nunca quiso. Yo era una de sus engreídas, pero como yo veía la necesidad, siempre quise hacer cosas; y siempre busqué que hacerlas bien. Yo salía a vender a escondidas de mi papá.

¿Sus hermanos trabajaban como usted?
No todos somos iguales... La que siempre destacó por hacer las cosas bien fui yo. Mi papá siempre me dijo: "Tú eres como mi mamá, tú tienes que ser la que haga las cosas bien". Él falleció cuando yo tenía 15 años, y me quedé a cargo de mis hermanos menores.

Usted no es la mayor.
Soy la cuarta. Mis papás se separaron, y cuando él falleció, me quedé a cargo de los menores.

¿Cómo llegó a los alfajores?
Una vecina los hacía y vendía al por mayor; y como yo había vendido de todo, dije: ¿por qué no? Empecé con cincuenta alfajores.

¿Qué edad tenía?
Catorce años.

Ya había dejado el colegio.
Ya lo había dejado todo... Mis amigas de la escuela tenían papá, mamá, una casa. Yo no. Por eso me metí en la cabeza que debía hacer las cosas bien.

Vendía de 7:00 a.m. a 9:00 p.m.
Sí.

Empezó vendiendo 50, llegó a vender 3.000. ¿Cómo?
A los 15, cuando me quedé sola con mis hermanos, me comprometí con un muchacho que era panadero. Entré a trabajar como empleada en una casa, pero le dije a mi esposo: "¿Y por qué no haces alfajores y yo los vendo?". Pero él no creía que yo iba a poder. A los 17, cuando nació mi primer niño, me dijo: "Bueno, como tú además tienes que mantener a tus tres hermanos y lo que yo gano no alcanza, voy a hacer empanadas de carne". Y yo las salí a vender. ¡Yo no tenía ni zapatos! Y sin zapatos me fui a vender.

¿Dónde vendía?
En la avenida Argentina. Una señora me dijo que fuera a las fábricas. Fui con mis dos hermanitos. Salieron los obreros, ¡y en una hora vendí 200 empanadas! En mi vida había agarrado tal cantidad de dinero. Estaba enloquecida. Le enseñé a mi esposo y también se emocionó, pero yo ya no quería volver a salir.

¿Por qué?
Primero, porque no tenía zapatos. Segundo, ¡porque nunca había visto a tantos hombres juntos! ¿No ves que toda esa zona era industrial? Además, para llegar era difícil. ¡Pero cómo es el amor! Él me hablaba con tanto cariño que me convenció; puse a mis hermanitos en diferentes puntos y llegamos a vender 3.000 alfajores.

¿No eran empanadas?
Cambiamos: las empanadas se comen en el momento; los alfajores te duran dos, tres días.

Entonces, empezó vendiendo los alfajores de su vecina, pero los que llegó a vender por miles fueron los que hacía su esposo.
Claro.

De vivir ajustados, pasó vender 3.000 alfajores.
Imagínate, ¡me compré mi televisor Zenith! Nunca me voy olvidar. Mi esposo lo trajo. ¡Nunca había tenido televisor!

A partir de entonces comenzamos a juntar, nuestra situación cambió; y un día, pasando por (la avenida) Tacna --porque habíamos ido a La Colmena para comprarnos una motito para vender bizcochos--, vi a carretilleros vendiendo turrón. "Hugo --le dije-- ¿por qué no hacemos turrón?". "No, Manuela, es mucho dinero. Te vas a meter en problemas. Además, tú eres muy conflictiva".

¿Conflictiva?
Es que yo siempre le exigía. Si vendíamos 200 alfajores, él se conformaba. Yo siempre le exigía que hiciera más y más.

Hugo era el talentoso con las manos y usted, su motor.
El motor. Yo le dije: "Vamos a hacer turrón". Averigüé, supe que en toda la cuadra alquilaban locales; y con el dinero de la motito alquilé. Él me agarraba la mano. "¡No lo hagas!" (ríe)... Es que era junio: acuérdate que antes solo se vendía turrón en octubre.

Lo puso todo, se quedó sin plata. ¿Qué hizo?
Vendí alfajores, ¡pero con más empeño! Le dije a mi esposo que me empezara a hacer turrón. "¿Pero dónde lo vas a vender?". "¡Hazme turrón!". Y comencé a vender.

Así se fogueó. ¿Y cuando llegó octubre, cómo les fue?
¡Imagínate! Yo andaba en las nubes. Teníamos solo dos metros: yo era la cortadora, una señora que todavía trabaja conmigo era la 'jaladora'; y mi esposo venía a las seis para ayudar a 'jalar' y a dar de probar a la gente. Nosotros fuimos los que iniciamos la costumbre de dar de probar; y también los primeros que comenzamos a vender turrón todo el año.

Pasó de tener dos metros cuadrados aquí, en Tacna, a ocho locales en esta misma avenida.
Agradezco a Dios por haberme dado la capacidad para hacer las cosas bien y, sobre todo, para honrar mi palabra y mis deudas. Si no las honras, mejor no luches.

Ese es su secreto.
Honra tu palabra.

Enviudó.
Mis mejores recuerdos son con el padre de mis hijos. ¡Mejor hombre que él, en la vida voy a encontrar!

Hace unos años pensó en dejarlo todo, irse a vivir al extranjero. ¿Qué pasó?
Yo soy la única que lleva el negocio. Si falta una vendedora, ¡ahí estoy yo! Pero me cansé. Mi misma situación emocional: el quedarme viuda, el que los hijos crezcan y que no todos lo hagan con la misma ilusión, con la de querer sacar esto adelante... A mis hijos no les gusta este trabajo. "Tú nos dejaste por esto". Guardan resentimiento... Llegaba el Día de la Madre, y yo no estaba en la escuela; una clausura, menos...

Se arrepiente.
Sí. Son espacios que no he llenado con los que más quiero.

Tiene 45 años, las cosas todavía pueden mejorar.
Sí, pero esto es lo que está pasando ahora; y yo puedo pelear contigo, ¡yo puedo contra todo el mundo! Pero con quienes no puedo es con mis hijos...

¿Qué ha pensado hacer?
Tengo una niña de 13 años a quien le estoy dando el tiempo que no le di a mis otros hijos...

¡Yo he querido dejarlo todo! Yo ya junté dinero, puedo vivir tranquila, irme al extranjero, trabajar. ¿Pero sabe qué es lo que me daría pena? Dejar a tantas muchachas que vienen a colaborar conmigo... Yo siento que alivio sus necesidades, que estoy haciendo algo por mi país.
Su conflicto es saber que está logrando mucho con su empresa, pero que esto no es valorado por quienes más quiere. Es el precio que he tenido que pagar por ser lo que ahora soy...

¿Y ha valido la pena?
Sí, porque cuando tengo frío, quien me tapa es mi trabajo; cuando quiero reír, me voy al mejor teatro, y quien me lo paga es mi trabajo; y, a estas alturas, no lo pienso abandonar.

Cuando ve a una niña vendiendo periódicos, ¿qué piensa?
Que puede ser como yo.

LA FICHA
Nombre: Manuela Jaramillo Torero.
Colegio: "En el... Fíjate que no me acuerdo, pero quedaba en la avenida Perú, en la cuadra 20". Solo hizo la primaria.
Estudios: Empresaria forjada en la "universidad de la vida".
Edad: 45 años.
Cargo: Propietaria y gerenta general de Turrones Las Limeñitas y Turrones Doña Pepa.

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