4El romanticismo de Sanz, la energía de Bisbal, la ternura de Amaia y la fuerza de Eva Ayllón son cualidades que anteanoche, desde las 7:30, trascendieron en el concierto "Voces solidarias", en el Estadio Nacional, hasta contagiar el alma de 100.000 personas: 40.000 en las tribunas abarrotadas del coloso limeño y otras 60.000 mil que hicieron retumbar con bailes y cánticos las plazas de armas de Chincha, Pisco y el estadio Picasso Peralta de Ica. Ayer fue, en lo artístico y en cuanto a producción, una fiesta sin precedentes en la historia de la música nacional: más de una decena de consagrados cantantes nacionales e internacionales, unos 130 voluntarios entre brigadistas y enfermeros, puertas de entrada y de salida bien determinadas y más de cinco horas de música, de buena música, ininterrumpidas. Por si estos números, inusuales en el acontecer del espectáculo peruano, resultaran escasos, habría que citar las cifras económicas, las cuales dibujarán una sonrisa en los niños del sur: se recaudó un total de S/.3'005.000, un millón más que en "Canto por el sur", el concierto anterior (S/. 1'900.000). Sin embargo, los números aún quedan cortos para describir lo de anteanoche. Quizá fue que el espectáculo acogió todas, o casi todas, las formas de ser: para las niñas la voz de Belanova, para las señoras el garbo de Raphael, para los sentimentales la sencillez de Gian Marco, para los rumberos la chispa de los Nosequién y los Nosecuántos, para los soñadores las letras de Fito Páez y para los amantes de los clásicos las canciones de los Hombres G. En este recorrido solidario, que ha unido a los peruanos desde el pasado 15 de agosto, aparece una certeza: los cantos ya no sirven solamente para entretener o reconstruir escuelas, sirven, sobre todo, para reconstruir el ánimo de los pueblos.