P ara lograr que el país sea un polo atractivo de inversiones, la planteada reducción del Impuesto a la Renta (IR) a las utilidades que se reinviertan tiene que concretarse sin más dilación para el 2008.
¿Qué significará este incentivo? En rigor, una potente señal política del Gobierno de que en el Perú los capitales nacionales y foráneos son respetados y apreciados y que en este país se premia al empresario que, en lugar de distribuir beneficios, apuesta por la reinversión.
Además de la buena estela que emitirían el Gobierno y el Congreso, la reducción en un punto porcentual del IR --que sería lo más prudente para el 2008-- equivaldría solo a 53 millones de soles de recaudación, una cifra que en lo más mínimo afecta la solvencia de las cuentas públicas. Es además hora de que la Sunat logre un incremento sustancial de la masa de contribuyentes, para así compensar la reducción en la recaudación y no aumentando otro tipo de impuestos.
Para que la señal política funcione es también indispensable incluir un cronograma que fije con toda claridad la reducción gradual del impuesto. De esta manera, en unos tres años se deberá haber alcanzado una baja de entre cinco y diez puntos porcentuales. Con toda seguridad, el futuro inversionista sabrá valorar este alto grado de compromiso del Gobierno con los capitales privados. Sabrá también agradecer el contar con un claro esquema tributario que le permita proyectar su inversión con la necesaria confianza.
En la actualidad, el único aliciente existente es que las empresas que reinvierten sus utilidades pagan el 30% del IR, y las que optan por distribuirlas deben abonar un adicional a dicha tasa de 4,1%, una vez reducidas las reinversiones. Esto, en la práctica, implica un impuesto de 33%.
Se han levantado voces, muchas de ellas de economistas reputados, en el sentido de que no es el momento adecuado para brindar este incentivo ,pues las inversiones están creciendo. Sin embargo, pese a gozar de un ininterrumpido crecimiento económico de 73 meses, lo real es que la inversión privada es aún baja. Representa solo el 20% del PBI y para asegurar un crecimiento sostenido se requiere alcanzar un rango de entre el 25% y 30% del PBI. He ahí la necesidad de empezar cuanto antes a incentivar la inversión.
Los capitales no tienen consideraciones económicas, excepto el de ir donde estimen el mejor rendimiento. Para eso necesitamos competir en facilidades con otros países, si bien con la cordura que ello exige. El milagro irlandés estuvo anclado en un IR de 12,5%, el más bajo de todos los países europeos, con lo cual atrajeron, entre otros campos, inversión en tecnología de la información, industria farmacéutica y servicios financieros. Hoy Irlanda --otrora el hazmerreír de muchos- ha pasado a ser uno de los países europeos con mayor crecimiento económico en las últimas dos décadas. La misma pauta están siguiendo, y con buenos resultados, los países de la Europa del Este que bajaron el IR a 19%, cuando años atrás tenían una tasa promedio de 29%.
De hecho, nuestro vecino y competidor comercial, Chile, maneja un esquema atrevido. La tasa del impuesto es de 35% ,pero ante la reinversión de utilidades solo se paga el 17% de renta.
Claro que para hacer de este incentivo una realidad, el Ejecutivo tiene que plantear la reforma al Congreso cuanto antes, pues el próximo 15 de diciembre se cierra la legislatura. Además, la implementación del cronograma deberá haber concluido para el 2011 y así asegurar la reforma.
El Gobierno tiene entre manos una fórmula ganadora, que, si bien para muchos es audaz, ha dado sus frutos en otras latitudes. Este Gobierno, que no ha dudado en asumir políticas no tradicionales, tiene ahora una prueba por delante. La complejidad del asunto solo radica en que se haga pronto, de modo gradual y con una estratégica mirada hacia el futuro.