LA ÚLTIMA
Pasamos diez días en Brasil; los medios ni hablan de la selección. Es tan cantada su clasificación a Sudáfrica que despierta escaso atractivo la Eliminatoria. ¿Acaso Perú le ponga una pizca de sal y pimienta venciéndolo en Lima?
¿Por qué no? Todo partido es ganable. La historia ofrece millones de ejemplos. Es perfectamente posible que Perú derrote a Brasil. Y no solo eso, es justo el partido que necesita el fútbol peruano para darse una inyección de ánimo, revertir críticas y reanudar el camino al Mundial. No puede haber ocasión más propicia. Es este y no otro. Derrotar a Bolivia sería bueno, vencer a Brasil resultaría extraordinario. Quitarse de encima toda esa atmósfera negativa requiere una empresa gigante y gloriosa. Esta lo es.
Claro, es preciso encarar el partido con grandeza. Y como la ocasión cumbre de cada uno. Es el partido de sus vidas y deben pensarlo así: como el gran desafío. Hay que jugar como Acasiete: con el alma, con el corazón caliente y la pierna templada. Acasiete debe actuar como siempre; los diez restantes deben disfrazarse de Acasiete. Solo así se puede salir adelante en ciertas ocasiones. Con once como él se puede llegar a Sudáfrica. Y más lejos también. Este partido no se gana tocando la pelotita sino con el espíritu. Trabando con los dientes si es preciso. Y no hacer declaraciones previas: hay que hablar en la cancha.
Ese es el punto uno. El dos es táctico. Habrá obstáculos en el intento; enfrente estará un equipo terrible, que factura al menor descuido. Y sin descuido también.
Perú debe jugar sobre el hombre. Y haciendo una presión asfixiante sobre la pelota cuando la tiene Brasil. "Sobre" el balón y no solo "con" el balón. Un hombre de marca, el más despierto y ágil, debería pegársele a Kaká. Perú no está en condiciones de dejar pastorear libremente al mejor jugador del mundo.
De visita, Brasil arriesga poquito, sale con la caña de pescar, a ver si hay pique. Y hace plata con el error ajeno. Aprovechar esa cautela y atacarlo por aire, mar y tierra es buena receta. Acá sí tiene que jugar Pizarro, pero sin moverse del punto del penal, sin bajar (no tiene objeto, es un hombre de técnica pobre y sin creatividad para el armado). Arriba les puede tirar el cuerpo en cada pelota a Juan y a Lúcio. Que los choque cuarenta veces y salga desfalleciente del campo. Esa contribución será decisiva para que hagan su negocio Guerrero y Farfán, que saben más que él.
Epílogo al margen: la fecha tiene un choque clave, Uruguay-Chile. Con el envión anímico que inyectó la llegada de Bielsa, si Chile logra una victoria en Montevideo se vestiría de serio candidato a obtener un cupo. Hay seis equipos a los que no les conviene una victoria de la Roja. No es necesario ser Pitágoras para deducir que si Argentina y Brasil tienen reservado un boleto, si Paraguay se perfila para otro y Chile logra afirmarse en ese pelotón, después quedarán migajas para repartir.