AMAZONAS TIENE UNA INMENSA DIVERSIDAD DE MEDIO AMBIENTES QUE FORMAN PAISAJES ÚNICOS QUE TODO BUEN VIAJERO DEBE CONOCER
Por María Helena Tord
Desde hace algunos años, los turistas e investigadores han redescubierto el departamento de Amazonas y cada vez son más los hallazgos que se realizan en estos fabulosos parajes que reúnen vestigios prehispánicos de la antigua cultura Chachapoyas, los que tienen la singularidad de estar rodeados de paisajes únicos.
En esta parte de nuestro país converge la sierra y la llamada ceja de selva, creando originales escenarios naturales. Es hora de rendirle tributo a la majestuosa geografía de esta parte del norte donde se ubica una de las cataratas más altas de nuestro planeta, Gocta, el impresionante valle de Huaylla Belén con sus sinuosos meandros y las misteriosas formaciones de las cavernas de Quiocta.
GOCTA Y SUS LEYENDAS
La catarata de Gocta ya era conocida por los pobladores de San Pablo y del caserío de Cocachimba, quienes la divisaban desde lejos. Las leyendas y mitos que relacionaban a Gocta con historias de sirenas y embrujos mágicos hizo posible que durante años haya permanecido inexplorada por los habitantes del lugar, hasta hace dos años, cuando el alemán Stefan Ziemendorff la divisó desde Pucatambo y quedó admirado por su tamaño. Tiempo después decidió llegar hasta la majestuosa catarata acompañado del lugareño Telésforo Santillán. Desde ese momento comienzan las investigaciones que concluyen en que la catarata mide 771 metros de alto en dos caídas, con lo cual llega a ser considerada en el listado de la National Geographic Society como la tercera caída de agua más alta de nuestro planeta.
Para llegar a Gocta existen dos caminos. Uno parte desde San Pablo y es un camino más peligroso y empinado desde donde se divisa la primera caída que mide 231 metros. La otra ruta, que es la más utilizada por los turistas, es la que parte desde la comunidad de Cocachimba. Este apacible poblado nos recibe con mucho cariño, pues los orgullosos pobladores están siempre entusiastas por mostrar al turista su privilegiada geografía.
Una pequeña posada nos ofrece un suculento desayuno para darnos fuerzas para emprender la caminata de dos horas y media.
El camino ha sido acortado en casi una hora gracias a la labor de Cáritas y el Fondo Ítalo Peruano, que tiene una presencia muy importante en la región y ha realizado un proyecto de rehabilitación del camino de trocha y el acondicionamiento de un puente que cruza el río Golondrina.
Durante el recorrido se puede apreciar otras cataratas de menor altura que caen desde las altas pendientes que rodean el caserío de verdes acantilados. En época de lluvias el caudal aumenta significativamente, lo que crea un paisaje impresionante. Esto se da de diciembre a marzo, que es cuando el camino se torna un poco más dificultoso, pero el caudal de Gocta es mayor y el paisaje es más verde y frondoso.
Al comienzo de la caminata pasamos por campos de caña de azúcar, y mientras continuamos hacia nuestro destino estrechos senderos de ceja de selva aparecen junto a una gran variedad de orquídeas y originales especies de aves como gallitos de las rocas, colibríes y simpáticos monos choros de cola amarilla.
Llegamos al borde del río Golondrina y comenzamos a escuchar el sonido de las aguas, con lo que olvidamos el cansancio y avanzamos cada vez más rápido. Sorprendentemente, las aguas de la catarata se convierten en diminutas gotas que parecen humo cuando llegan hasta el suelo y el viento nos trae una refrescante brisa como una tenue ráfaga de lluvia.
SERPIENTE DE AGUA
A dos horas de Chachapoyas, pasando Luya, Cohechán y Conila, llegamos a otro paraje emblemático de Amazonas: Huaylla Belén.
Este páramo altoandino es uno de los pocos que sobrevive sin intervención del hombre. Es un extenso valle verde donde el sinuoso río Huaylla crea meandros en nueve kilómetros de largo, aquí conviven en su hábitat natural singulares especies como el colibrí cola de espátula, osos de anteojos y otras cincuenta especies propias de la zona.
Huaylla Belén es el comienzo del trayecto para las expediciones hacia el complejo arqueológico Gran Vilaya, por ello muchos turistas acampan en el valle o se hospedan en el primer albergue del lugar, el cual ha sido construido con materiales de la zona y funciona con aguas residuales.
Actualmente, el proyecto turístico Promactur está elaborando el primer registro oficial de flora y fauna y promueve la declaración de esta zona como área natural protegida.
A LAS PUERTAS DE OTRO MUNDO
En la ciudad de Lámud nos espera José Espinoza, guía local a quien se le atribuye el descubrimiento de las cavernas de Quiocta. En unos quince minutos en auto desde Lámud llegamos a un valle en donde comenzará nuestra viaje hacia otro mundo. Luego de una emotiva ceremonia, José evoca a los espíritus de la cueva para que nos guíen en esta misteriosa aventura.
En muchas de las culturas prehispánicas del continente se relaciona a las cuevas como un lugar de nexo entre nuestro mundo y el inframundo --o el mundo de abajo--, y en el caso andino, por temor o por respeto, estos lugares no han sido mayormente modificadas. En el caso de la cultura Chillao, como llaman en esta parte de la región a la cultura Chachapoyas, han utilizado esta caverna para rituales o ceremonias y podemos notar restos de su presencia.
En la entrada a la cueva hay una escultura en barro que parece observarnos detrás de una roca, y cada cinco metros, de los 585 que tiene la caverna, hay un tragaluz que se encuentra cerrado por grandes piedras hechos por los chillao. Lo más impresionante es uno de los salones (de los seis que esconde la cueva), que tiene todo el techo de forma circular y ha sido totalmente pulido.
Cada salón nos espera con una sorpresa diferente: estalactitas y estalacmitas que forman extrañas figuras y colosales esculturas en forma de animales, obeliscos y otras formas que nuestra imaginación moldea. Esculturas de varios metros que se han formado en miles de años. Si tomamos en cuenta que cada una de estas formaciones crece 10 centímetros cada 100 años podemos imaginar el tiempo que ha tenido que pasar para que existan lugares como este.
Por un momento todos los visitantes apagamos las linternas y nos mantenemos callados para sentir lo que es la oscuridad total y vivir el silencio. Comprendimos por un instante por qué estos lugares son mágicos y por qué se convirtieron para los antiguos chillaos en un nexo con el otro mundo.
Tenía razón nuestro guía José al preguntarnos si estábamos preparados para introducirnos por una hora en otro mundo. Al comienzo no sabíamos bien a qué se refería; ahora le agradecemos que nos permitiera conocer de esa forma un lugar como este.
ALLÁ VAMOS
Cómo llegar: La única forma de llegar a Amazonas es por vía terrestre. A través de Chiclayo o Tarapoto, el viaje dura alrededor de ocho horas. Si va en auto particular lo mejor es tomar la ruta de Olmos, Jaén y Bagua.
Tiempos: De Chachapoyas: A Luya: 1 h. A Huaylla Belén: 2 h. A Lámud: 2,30 h.
Consejos: Para visitar las cavernas es indispensable llevar botas de jebe, una linterna y contratar los servicios de un guía en la oficina de información turística de la Municipalidad de Lámud. Para Gocta es útil llevar zapatillas para caminar, bloqueador, agua e impermeable.