En Lima Kaká probó que efectivamente en la cancha es como Dios: está en todas partes
Por Milagros Leiva
Hay que verlo jugar para disfrutar de sus quiebres de cadera y de sus patadas con hambre de gol, como dicen los narradores de partidos. Es capaz de llevar al infarto a los arqueros y al éxtasis extremo a las muchachas que suelen amarlo por su sonrisa de chico bueno. No sorprende cuando hace pases de taco como si fuera malabarista, tampoco cuando aparece como fantasma en el área de peligro. El número 7 de Brasil es un genio. Se llama Ricardo Izecson Dos Santos Leite, pero nadie recuerda su nombre. Le dicen Kaká. Así llaman de cariño a los Ricardos en el país que más exporta futbolistas.
Kaká tiene 25 años, juega en el Milan y acaba de renovar contrato hasta el 2012. Es decir, tiene trabajo seguro hasta que cumpla 32. Kaká sabe que el contrato que acaba de firmar (nueve millones de euros por cada temporada) lo ha convertido en el jugador mejor pagado de Italia. Kaká es millonario: lo merece. ¿Lo ha visto jugar? No deja de correr, no deja de meterse así no lo llamen, no se abandona. Sorprende. Siempre. Por eso es el actual favorito para ganar el Balón de Oro del 2007, aunque él mismo declare que mejor debería llevárselo el portugués Cristiano Ronaldo. No es coincidencia: Kaká es cristiano. No se pierde en el alcohol y tampoco cree que las mujeres tienen fecha de expiración. Kaká llegó virgen al matrimonio. A su esposa Caroline le prometió fidelidad eterna desde que la conoció. Ella tenía 15 años, él 19. Ella estaba en el colegio, él ya era un futbolista acosado por empresarios y mujeres. Somos jóvenes y podemos salir, pero cuando lo hagamos nos llamamos siempre a la medianoche, le prometió Kaká a su novia cuando viajó a Italia. Cumplió. Esperó que Caroline terminara el colegio para casarse y no le faltó. Kaká es de otro planeta. Celebra sus triunfos rezando y tiene camisetas con las que declara su pertenencia a Jesucristo. Kaká siempre tiene un libro en la maleta. Lee, está enamorado y es un hombre fiel. Es perfecto.
Kaká mete goles con tres dedos, por eso el arquero peruano Diego Penny se quedó parado, porque las pelotas pateadas de costado y con el empeine no las detiene nadie. Kaká patea así. No usa trenzas azules ni vinchas ni quiere pelos largos, Kaká prefiere corte de seminarista. Es picón, pero sonríe cuando juega. Kaká es el héroe de Brasil y quiere ser el capitán de su selección cuando su país sea el anfitrión del Mundial en el 2014. Las apuestas corren solas: lo logrará por disciplinado, por empeñoso, por buen hombre. Kaká muere por conocer a Michael Jordan, es su héroe personal. Yo muero por conocerlo a él, es mi héroe joven del fútbol actual. El rey Zidane no ha muerto, pero ya apareció un heredero con estrella propia. Larga vida al príncipe Kaká.