LAS SOCIEDADES ENVEJECEN Y EL PERÚ NO ES LA EXCEPCIÓN. LOS IMPACTOS DE ESTE FENÓMENO, ACTUALES Y FUTUROS, ESTÁN DELANTE DE NOSOTROS PERO PASAN DESAPERCIBIDOS PORQUE NO VEMOS EL TREN SINO HASTA QUE NOS PISA
Por Luis Davelouis Lengua
¿Cómo? ¿Las sociedades envejecen? Sí, así como lo lee. Basta darle una mirada a Europa Occidental, en donde el promedio de edad de la población se va acercando a los 40, la tasa de mortalidad no deja de bajar y la de natalidad casi se ha congelado. El ejemplo tipo: algunas aldeas españolas ancladas en la resaca de la guerra civil literalmente se ven obligadas a importar jóvenes porque no queda nadie con la energía suficiente para realizar tareas pesadas, como reparar las casas tras cada el invierno, o, simplemente, recoger la basura.
¿Nunca se ha preguntado por qué, tras más de seis años de crecimiento sostenido de la economía, sus ingresos no se han incrementado significativamente? ¿Por qué hay tanta gente buscando trabajo si del país se van más de mil personas al día para no volver? ¿Por qué hay tantos taxis en las principales ciudades del país? ¿Por qué Essalud no se da abasto para atender a sus asegurados si se supone que la fuerza laboral formal (a la que atendería) es la tercera parte de la informal? La respuesta está en la explosión demográfica que empezó a mediados de la década del año 60 y se extendió hasta mediados de 1980, período que se conoce como el 'Baby boom', en alusión al mismo fenómeno registrado en Europa y EE.UU. tras la Segunda Guerra Mundial.
Desde 1970, cuando la tasa de natalidad llegó a 2,8%, esta ha venido cayendo sostenidamente y las consecuencias de ambos fenómenos, explosión y caída, las vemos hoy y las veremos, todavía más, en el futuro.
NACEN MENOS, SOMOS MÁS
¿Por qué envejecen las sociedades? Principalmente por dos razones: porque las personas tienen cada vez menos hijos y los viejos cada vez viven más. Los adelantos tecnológicos y avances en la medicina han surtido efecto: en la década del año 50, en el Perú de cada 1.000 niños nacidos morían 158, mientras que en el año 2000, la cifra de muertes bajó a 45 de cada mil. Entre 1940 y el 2005, la población pasó de 7 millones a más de 27 millones. Pese a que desde 1980 la tasa de crecimiento poblacional ha caído considerablemente desde 2,4% hasta 1,7% en el 2005, la población total pasó de 17,3 millones a casi 28 millones en el mismo período. Ello se debe a que el número de personas en edad reproductiva hoy es mayor que en años anteriores y a las menores tasas de mortalidad. Eso significa que el 'Baby boom' del que se habla no se debe a un salto en las tasas de fecundidad, sino a una caída en la tasa de mortalidad infantil.
Gracias al avance de la ciencia médica, los niños tenían mayores probabilidades de sobrevivir al parto y las familias empezaron a ser más numerosas: hasta la década del año 40, solo cuatro de cada 10 niños nacidos vivos sobrevivían después del primer año. Según estimaciones del INEI y del CIES, al ritmo actual, la población seguirá expandiéndose hasta la tercera década de este siglo, cuando se estabilizará en 35,7 millones y la edad promedio del país se elevará.
EN LOS BOLSILLOS
Este hecho, por sí solo, como señalan el economista Gustavo Yamada de la Universidad del Pacífico y el demógrafo Carlos Eduardo Aramburú, de la Universidad Católica, genera una presión inmensa en el mercado de trabajo y los salarios. Y por la ley de la oferta y la demanda, los salarios (el precio del trabajo) caen o se mantienen iguales pese al crecimiento económico espectacular de los últimos años. Es simple, si la oferta de mano de obra supera a la demanda, el precio cae.
Según Yamada, anualmente se incorporan 490.000 personas a la PEA, y "felizmente que las tasas de migración son altas porque, de lo contrario, los salarios serían todavía más bajos", sostiene. En efecto, como explicábamos líneas arriba, según cifras de aduanas, más de mil peruanos se van diariamente al extranjero a buscar mejores condiciones de vida, y no regresan.
Hay además, una clara tendencia a trabajar por horas y el salario sigue hundiéndose. "Los vendedores de Ripley o Saga o los taxistas trabajan hasta 12 horas diarias para tratar de ganar más.", comenta.
La buena noticia, como dice Aramburú, es que justo ahora estamos atravesando lo que los demógrafos llaman un bono demográfico. "Las personas en edad de trabajar (PET) ahora son proporcionalmente más y, gracias al efecto de las décadas de los años 60, 70 y 80, todavía no tienen hijos ni padres que mantener, además, estamos en una coyuntura económica muy favorable", explica.
¿Y de qué sirve eso? Para guardar pan para mayo, para fomentar el ahorro entre esos jóvenes que están trabajando, generar cultura previsional y de seguros, pero antes, para capacitarlos, de manera que la productividad se multiplique. El problema con este último punto, según Aramburú y Yamada, son las políticas públicas, que no permiten que la inversión en capacitación sea deducible de impuestos, y las leyes laborales que son muy rígidas y no permiten aprovechar este momento. "Así, en 25 años habrá un montón de viejitos pobres que no cotizaron a sistema de jubilación alguno", dice Yamada.
¿Y QUÉ CON LOS VIEJOS?
Pese a que el intertítulo precedente es políticamente incorrecto, la pregunta es válida. En EE.UU., donde el fenómeno se dio 20 años antes, ya se están viendo los efectos: la seguridad social no alcanza para todas las personas y menos para las personas de la tercera edad, las jubilaciones son cada vez menores y la gente vive más, lo que significa que hay que pagarle durante más años, lo que también genera una presión creciente sobre el Tesoro Público. Pero no hay que ir tan lejos. El fenómeno de estancamiento del crecimiento ya está sucediendo en Chile, Argentina y Uruguay y se esperan efectos similares. ¿Por qué debería ser diferente en nuestro caso?
El sociólogo de la Universidad Católica, Luis Manrique, propone generar mecanismos para integrar a las personas de la tercera edad a la demanda de trabajo, que cada año empieza antes, es decir, con gente más joven. "Las empresas prefieren profesionales jóvenes porque sus exigencias laborales son menores que las de alguien con la misma o mayor capacidad pero con más experiencia", sostiene, y agrega que "para una persona de entre 50 y 55 años es extremadamente difícil encontrar trabajo pese a tener la calificación y capacidad".
CONSIDERACIÓN FINAL
En opinión de los expertos, hay mucho por aprovechar del adulto mayor, incluso en el ámbito productivo, pero para eso se requiere estar preparados. Se necesita crear las capacidades desde ahora y no solo para ellos, sino para el impacto que en toda la sociedad peruana tendrá una masa de personas que envejecen todas juntas.
Por poner un ejemplo: el Perú tiene más universidades per cápita que EE.UU. ¿Es eso sostenible? No, es un producto del 'Baby boom' y como ese, los efectos del paso de la generación presente (los que tenemos entre 20 y 40 años aproximadamente) se dejarán sentir no solo en el mercado laboral, sino también en la provisión de servicios básicos, en salud (la epidemiología del país cambiará y se hará más cara), vivienda (la demanda seguirá creciendo), el transporte y en general toda la gama de oferta de bienes y servicios públicos y privados, deberá estar dirigida a un público que envejece.
Si la seguridad social y el Estado no se dan abasto hoy para atender a una población relativamente joven, con períodos de recuperación muy cortos, con toda seguridad, no podrá hacerlo en 20 años. El cambio debe empezar hoy.