Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google

La nueva izquierda preocupa a EE.UU.

Informe LATINOAMÉRICA EN LA LUPA

Por Miguel Vivanco. Corresponsal

WASHINGTON. Las repercusiones derivadas del incidente verbal ocurrido en la clausura de la Decimoséptima Cumbre Iberoamericana, en Santiago de Chile, no solo han avivado algunas diferencias políticas entre el Nuevo y el Viejo Continente, sino que han despertado ciertas preocupaciones en Washington.

El inesperado intercambio de palabras entre el presidente venezolano, Hugo Chávez, el jefe del Gobierno Español, José Rodríguez Zapatero, y el rey Juan Carlos terminó por acentuar las posiciones ideológicas que ahora priman en América Latina.

Esta semana los estrategas del Departamento de Estado y del Pentágono se vieron obligados a actualizar sus planes de contención ante un eventual fortalecimiento de la denominada nueva izquierda o neocomunismo latinoamericano. Y es que las opiniones vertidas por presidentes, diplomáticos y pensadores de ambos continentes evidencian algo más que simples respaldos o críticas por el bochornoso incidente.

El respaldo a Chávez de sus homólogos Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Fidel Castro (Cuba) y Daniel Ortega (Nicaragua) demostró a la administración del presidente George W. Bush que el denominado bloque izquierdista latinoamericano mantiene cierta consistencia política, a pesar de los ofrecimientos de prometedores acuerdos económicos con la región.

Como si fuera poco, en Washington muchos se sorprendieron al leer un comunicado publicado en varios medios en el que escritores, académicos y políticos latinoamericanos expresaron su respaldo al presidente venezolano, recordando que ya era hora de terminar con los remanentes de la "prepotencia e intentos de dominación de España y otros países".

Pero la respuesta inmediata o el silencio de ciertos presidentes también captaron la atención de los analistas, pues las diferencias políticas e ideológicas de conocidos dignatarios quedaron en evidencia, como fue el caso del presidente Alan García, quien presuroso respaldó al Gobierno Español.

Hay quienes consideran que la postura peruana respondió a la necesidad de no generar polémicas con España y evitar diferencias con el Gobierno de Estados Unidos, cuyos senadores en breve votarán por la ratificación del tratado de libre comercio con el Perú.

Además, el inesperado silencio del presidente boliviano, Evo Morales, en el momento del referido incidente se convirtió en un tema de análisis estratégico para los especialistas estadounidenses, quienes creen ver la posibilidad de gestar un quiebre amical con Chávez.

Algunos analistas consideran que la urgencia de lograr la renovación de las preferencias arancelarias (ATPDEA) y mantener las inversiones españolas en Bolivia habrían sido los motivos para que Morales no interviniera abiertamente en el tema.

En los años 90 Estados Unidos concedió a Bolivia, Colombia, Ecuador y el Perú la apertura de su mercado a miles de productos libres de aranceles como una compensación por la lucha contra el narcotráfico. La vigencia de tales preferencias fue extendida en varias ocasiones, aunque ahora tienen fecha de caducidad en febrero del 2008.

Para empeorar las cosas, el presidente Chávez no tuvo mejor 'idea' que revivir su sueño de convertir Venezuela en una potencia nuclear, amén de amenazar a las empresas españolas que operan en su país.

La noticia no fue del agrado de los estrategas del Pentágono, quienes desde hace meses han alertado del "preocupante" fortalecimiento de las relaciones diplomáticas, comerciales y científicas entre Caracas y Teherán.

Chávez, quien en pocos días visitará Irán, dijo que Venezuela comenzaría a desarrollar la energía nuclear con fines pacíficos al estilo de Brasil y Argentina. "Yo, particularmente, exijo respeto para Irán. No creo que esté construyendo una bomba atómica. Irán está desarrollando la energía nuclear con fines pacíficos, estoy seguro", afirmó el jefe del Estado.

Para Jeffrey J. Schott, investigador principal del Instituto Petersen de Economía Internacional de Washington, las actitudes o represalias después del incidente afectan directamente el comercio e incrementan los riesgos de nuevas nacionalizaciones.

El filósofo italiano Antonio Negri, considerado uno de los pensadores más polémicos de la nueva izquierda, recientemente dijo que América Latina venía marcando un distanciamiento conceptual con respecto al nacionalismo ligado al desarrollo. Agregó que desde hacía un buen tiempo se debilitó la dependencia con Washington, básicamente porque la política neoconservadora que imperaba en la región se terminó. "EE.UU. perdió su batalla, no solo en América Latina. El ciclo estadounidense está terminado. El fracaso es militar y todos lo ven". Puntualizó que "América Latina salió de la dependencia para ingresar a una sociedad de interdependencia en la que está obligada a actuar con visión de continente".

Para Negri, lo que ocurre en Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela representa un ejemplo de los nuevos vientos que soplan en la región, donde las alianzas comerciales con Asia y Europa cada vez son más fuertes.

En cambio, el escritor mexicano Carlos Fuentes es de los que consideran que en América Latina hay una clara separación de posiciones políticas, las cuales deben ser canalizadas de acuerdo con la realidad que vive la región.

"Si no se abren espacios para satisfacer a las mayorías, vendrán dictadores y demagogos. Las normas de San Francisco (donde se acordó la Carta de la ONU) ya no bastan. Hay nuevos desafíos. Por eso el presidente Bush es tan anacrónico. Es el tango final de un imperio que fenece y cree estar en la cúspide", comentó el escritor.

Una advertencia pendiente
A fines del 2005, Otto Reich, ex jefe de la diplomacia de EE.UU. para Latinoamérica, planteó que Washington le pusiera atención a la región aunque las cosas estuviesen o no en concordancia con su estrategia. Ante el hecho que hay países que toman una dirección hacia la izquierda, sugirió cuidar que los futuros gobiernos de América Latina fuesen democráticos y que respetasen los derechos humanos, las libertades políticas y los derechos de los ciudadanos y de los países vecinos.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google