Corotenca es una vaca que parece tener serios problemas de personalidad. De tanto cariño que recibe de sus dueños se cree perro y por eso, cada vez que ellos entran a su corral, ella corre, salta, da cabezazos y hasta utiliza su enorme lengua para expresarles su alegría. Ellos lo saben y por eso se divierten cuando un visitante despistado entra en los predios de la enorme Holstein de pedigree comprobado.
Corotenca parece que supiera que su presencia ha hecho feliz a sus dueños y por eso ella aguarda pacientemente cuando le toca ser ordeñada por los jóvenes ganaderos que hace unos meses viajaron a Lima para comprarla a ella y también a catorce vacas más que dieron vida al establo más próspero en el distrito de La Matanza, en la provincia piurana de Morropón.
Aquel establo comenzó como un sueño de los integrantes de Josma, un grupo de jóvenes formado en el distrito piurano de La Matanza, en la provincia de Morropón.
Ellos quisieron enfrentar así el desempleo y por eso asumieron con gran entusiasmo el proyecto de la organización Ayuda en Acción y del municipio distrital, quienes les propusieron el reto de llevar adelante un negocio de ganadería con el fin de tener una fuente de ingreso y servir de abastecedores del programa de alimentación municipal.
Así, Domingo Espinoza, Rosalí Valdez, Isaías Ramírez, Rosmery Cisneros y Vicky Soplapuco unieron esfuerzos y tras diversas capacitaciones ahora manejan el establo de La Matanza, donde a diario se produce unos cien litros de leche que van a los programas de alimentación que lleva adelante la municipalidad en los caseríos del distrito.
No contentos con ello, también tienen pensado utilizar el abono que producen para venderlo como fertilizante. Además estudian convertir su leche en quesos, natillas y demás productos.
Mientras el crecimiento sigue viento en popa, el ganado crece y ahora es el turno de Esperanza y Diana, dos becerras que nacieron hace unos meses para aumentar las filas de estas vacas con complejo de perro fiel.