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El quiosco de la esquina

Por Pedro Canelo

En ecuador, me dice el taxista que me lleva al hotel, se habían acostumbrado a ganar y por eso es que no pueden asimilar esta etapa de sequía. Cero puntos en tres partidos. Un gol a favor. Y once en contra. Once. Uno por cada jugador. El mismo equipo que hace un año y medio era patrimonio nacional con una histórica clasificación a octavos de final del Mundial 2006 hoy es casi un enemigo público. Se habían acostumbrado, me repite la recepcionista del hotel. No cabe duda de que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor.

Es lunes por la tarde en Quito, ha salido un sol fresco que no molesta. En las pistas no hay congestión porque hay más de un intercambio vehicular en el centro y afueras de la ciudad, en la frecuencia modulada Juanes suena cada cinco minutos, y los taxistas, a diferencia de Lima, le dicen que sí a todos los paraderos posibles. Los quioscos son el mejor ejemplo de que en esta ciudad ya nadie cree en su selección. Las portadas relatan el último día de Luis Fernando Suárez con la tricolor y las secciones deportivas tratan de buscar explicaciones a este triste momento.

Viene Perú y los periodistas ecuatorianos me preguntan si mi selección vendrá a Quito a matar. Les digo que en Eliminatorias hablar de tiros de gracia es más que apresurado. Que Ecuador tiene cero puntos, pero aún puede respirar a costa de otros. Que el Perú hace cuatro años pudo adelantar la despedida de Colombia y no supo hacerlo. Les digo que mi selección ha mejorado, pero que (aceptémoslo) no estamos para subestimar ni siquiera a un equipo desahuciado.

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