Con chompa nueva, Brasil recibe hoy a Uruguay ante una exigente torcida que le reclama lucir por fin el 'jogo bonito'
SAO PAULO [EFE/REUTERS/EL COMERCIO]. La selección brasi-leña intentará hoy convencer a una afición apática y exigente frente a un Uruguay que llega tras obtener un amargo empate contra Chile.
Si las cosas con la hinchada uruguaya están feas para el equipo que dirige Óscar Tabárez, no lo están mejor para Brasil, que está obligado a ganar siempre, más aun jugando en casa y cuando no ha terminado de exhibir en estas Eliminatorias el juego bonito que siempre se le reclama.
Esta nueva edición de uno de los clásicos sudamericanos se jugará en el estadio Morumbí, de Sao Paulo, que hoy deberá estar colmado por cerca de 80.000 aficionados, en su enorme mayoría dispuestos a alentar o abuchear a rabiar a Ronaldinho Gaúcho, Kaká, Robinho y compañía según cómo se desempeñen esta vez.
El equipo charrúa se vio sacudido ayer, horas antes de partir rumbo a Sao Paulo, por el sorpresivo alejamiento del delantero Mario Regueiro, disconforme con las pocas oportunidades que el técnico Tabárez le brinda en el equipo.
Para el partido de hoy, Dunga tiene como única duda quién será el sustituto del central Lucio, suspendido por amarillas. El favorito para jugar junto al efectivo Juan es Alex.
NUEVO MODELO
Desde hoy Brasil lucirá una nueva camiseta que le rinde homenaje a aquella con la que salió campeón mundial en Suecia 1958. En la parte interior del cuello se lee la frase "Nacidos para jugar al fútbol" en portugués, una frase que siempre resonó entre los brasileños.