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Perros con narices finas

TÉCNICAS. Un grupo de instructores del Instituto Canino Forense de California llegó días atrás para colaborar con la investigación de crímenes del pasado. Sus tres perros, entrenados para localizar restos humanos en distintos terrenos, pueden ser de ayuda en un país con muchas heridas

Por David Hidalgo Vega

Días atrás hubo tres narices húmedas rastreando olores remanentes de la muerte en Ayacucho. Eran tres perros entrenados para detectar restos humanos. El Instituto Canino Forense (ICF) de California los había enviado para colaborar con una investigación de parte respecto de probables ejecuciones extrajudiciales en el cuartel militar Los Cabitos, uno de los escenarios más siniestros de la guerra interna. En el campo de tierra seca, el paseo de dos hembras que bien podrían ser mascotas caseras y un macho con aspecto de campeón de concursos de razas debió parecer menos perentorio de lo que sus legajos sugieren: se trata de perros que han detectado sitios de entierro de hace cientos o miles de años. El calor y ciertas impertinencias entorpecieron su trabajo, pero la idea que ha quedado es una: esa es una técnica a considerar para peinar un territorio sembrado de fosas.

El ICF es una organización sin fines de lucro que adiestra a perros para detectar restos humanos con fines judiciales o culturales, según el caso. En su logo lleva la figura de un hombre con cabeza de perro. Es Anubis, "el dios egipcio que supervisaba el embalsamamiento y la momificación, además de escoltar a los muertos durante el proceso para entrar al inframundo". La imagen es de un simbolismo poderoso: gracias al trabajo de sus canes, guiados por sus respectivos instructores, mucha gente ha podido encontrar la paz con sus propios muertos. En ocasiones se trata de un crimen reciente, otras veces es una búsqueda histórica. La verdad que detectan esas narices caninas siempre trae alivio.

El instructor James Davidson lo experimentó hace poco, cuando su equipo de trabajo ayudó a detectar un cementerio nativo. "Me conmovió ver que un hombre recuperaba los restos de su abuelo", dice este antiguo ingeniero de sistemas que un día decidió abandonar todo para dedicarse a esta labor. Davidson trabajó con Maya, una pastora australiana de 4 años que, según los manuales caninos, debería estar arriando rebaños, pero que está entrenada en varias modalidades de búsqueda de restos humanos. "La preparación se inicia a los 8 meses y continúa durante un año y medio", dice Davidson, quien la mantiene en casa como cualquier mascota familiar. Así logra reforzar cada día su entrenamiento con doce horas a la semana en detección de evidencia forense más otras cuatro para obediencia y agilidad. "En realidad estamos entrenando todo el tiempo", señala el instructor.

EFICACIA DEL OLFATO
Bajo ese rigor ha sido posible que Ceres, una border collie de impecable pelaje blanco y negro, haya colaborado en la detección de sitios de entierro históricos. "En una ocasión fuimos convocados por el FBI para buscar el cuerpo de una niña de 3 años que había desaparecido. Llegamos a una quebrada, que fue drenada para la investigación. Al final no hayamos ese cuerpo, pero encontramos lo que parece ser una fosa común que data de la Guerra de Secesión", recuerda su instructora, Christy Bergeon. No se trató de un hecho fortuito. De hecho, Ceres figura como miembro de la Asociación Arqueológica de Mississippi y en la historia del ICF se suele consignar el caso de Eva Cecil, célebre instructora de la también célebre Nessie, una collie de la frontera que entre sus hallazgos cuenta el de restos fechados hasta dos mil años antes de Cristo.

Los resultados han ganado reputación y peso a las narices de estos canes. En California, la Policía de Carreteras tiene un contrato con el ICF para que sus perros efectúen un despistaje antes de construir una carretera, a la manera en que aquí hacemos para detectar posibles restos arqueológicos antes de una obra. "Con frecuencia recibimos pedidos de grupos de nativos americanos que quieren encontrar cementerios de sus antepasados", dice Pat M. Lamson, quien empezó en esto el año 2000. Ella tiene a cargo a Tucker, un espigado lab mix negro, especializado en búsqueda de restos en tierra y bajo el agua, además de restos históricos y preservación de escenas de crimen.

"Este es un medio efectivo y más económico que otros. Puede ser de mucha utilidad para trabajar en un país donde existen miles de fosas", dice José Pablo Baraybar, del Equipo Peruano de Antropología Forense, que organizó la visita de este equipo para un peritaje de parte. Existe el proyecto de entrenar a perros peruanos, habituados al clima, que serían aun más efectivos y disponibles para ese trabajo. "Hay gente que reacciona con incertidumbre, pero estamos abiertos a usar lo que ayude", dice Baraybar. La eficacia de estos perros está en que tienen la nariz entrenada para observar. Y algo hay de cierto en ese lugar común del olfato como sinónimo de astucia.

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