Que no quepa duda que el patrimonio de la familia Fujimori, Joy Way o de Vladimiro Montesinos es mucho más grande que el de Felipe Tudela y Barreda
Por Abelardo Sánchez León
Más que una conducta capitalista, lo que predomina en el Perú es un comportamiento feudal y bastante anticuado, donde el dinero es motivo de vergüenza o de envidia. El trato mediático que se ha dado a la disputa familiar entre Felipe Tudela y Barreda y sus dos hijos, a raíz de su matrimonio con Graciela de Losada Marrou, tiene en la herencia a la imagen del demonio revisitado. Un patrimonio calculado en 50 millones de dólares es todo un grito de admiración, horror y envidia en un país de pobretones. La revista "Forbes" menciona, entre los diez latinoamericanos de mayor fortuna, a cuatro mexicanos, algunos brasileños, venezolanos y argentinos. La lista la encabeza Carlos Slim, con unos 6 mil millones de dólares. Recién, allá por el número 60, aparecen el grupo Brescia y Dionisio Romero.
Que no quepa duda que el patrimonio de la familia Fujimori, Joy Way o de Vladimiro Montesinos es mucho más grande que el de Felipe Tudela y Barreda, y mucho más reciente, además: digamos, se trata de una fortuna relámpago, no tradicional, ilegal, labrada en una década de oficio político. El dinero en el Perú quema, y eso que va de mano en mano, pues ha cambiado de mano, son nuevas las manos que manejan dinero. El dinero es democrático. Supone movilidad social, consumo, relaciones horizontales y un mayor acceso a servicios como la educación, la salud y la recreación, y presenta, felizmente en el Perú, rostros honestos como los de Máximo San Román o la reconocida familia ayacuchana Añaños.
De diferentes maneras, Jorge Bruce y el economista Xavier Sala I Martín nos han dado a entender que el tipo de economía que nos caracteriza se sostiene en una mano de obra barata. La relación entre una mala educación y aquella mano de obra barata estaría perversamente establecida. El modelo no necesitaría invertir en una educación de calidad. Se contentaría con una educación que tiene como objetivo producir esa mano de obra. Pero a medida que un país empieza a crecer --afirma Sala I Martín-- se tiene que dejar de competir con salarios bajos y se tiene que empezar a hacer cosas de más calidad. Pero eso cuesta en el Perú. En el Perú, los empresarios no están acostumbrados a pagar bien. Esa tradición no existe. El modelo que funciona, desde hace siglos, es el de la exportación de materias primas y el de la mano de obra barata. Eso explicaría, también, la decisión de migrar de 1.200 peruanos al día. Porque la mala distribución del ingreso --desde que lo señalara Adolfo Figueroa-- produce fragmentación y embalsa iras ancestrales que a los sucesivos gobiernos pareciera no importarles.