Por: Juan Paredes Castro |
El narcoterrorismo, como alianza táctica o estratégica, ha hecho del Estado su blanco favorito. La respuesta del Estado tiende, por el contrario, a perder al narcoterrorismo como blanco.
No es la espesura del bosque y la niebla del VRAE la que oscurece la visión político-policial-militar del problema. Hay algo más grave y de fondo, como lo explica nuestro Editorial de ayer: la clamorosa falta de una estrategia integral, plenamente articulada desde una decisión gubernamental que ya no puede distraerse en contradictorios diagnósticos.
El Ministerio de Defensa considera que su competencia comienza y termina allí donde comienza y termina un declarado estado de emergencia, como ocurre en el VRAE (valle de los ríos Apurímac y Ene), donde la actuación del narcoterrorismo ofrece un variado espectro de criminalidad.
Es más: las Fuerzas Armadas no entran así nomás en combate. Necesitan autorizaciones expresas, como la ley que el Congreso no les aprueba hasta hoy y que les permitiría contar con ciertas garantías para enfrentar cualquier eventual acusación de violación de los derechos humanos. Se trata precisamente de ciertas reglas de combate en guerra interna que hay que juzgarlas más como una prevención de judicialización que como una innovación militar de los nuevos tiempos.
Con esta sensibilidad institucional de por medio no hay mucha chance de que las FF.AA. quieran en verdad involucrarse a fondo en una guerra que requiere previamente una clara determinación política, pendiente desde los tiempos de Alejandro Toledo.
La Policía Nacional está igualmente circunscrita a lo suyo, como también Devida y los servicios de inteligencia militares y policiales. Lo mismo la Dirección Nacional de Inteligencia, como organismo integrador, que, dirigida por un coronel (con todo el respeto que merece) es vista, subalternamente, por quienes tienen que reportar a ella desde la posición de generales y almirantes.
El Gobierno tiene que poner entre ceja y ceja el narcoterrorismo como su principal blanco estratégico. Lo tiene que hacer ¡ya! El tiempo corre en su contra.
Ello supondrá romper con la tardanza remolona en construir una fuerza combinada homogénea entre la policía, las Fuerzas Armadas, los servicios de inteligencia militares y lo que Rómulo Pizarro, ex ministro del Interior, puede aportar ahora desde Devida, mediante el descubrimiento de los flancos débiles de las facciones cocaleras ilegales, aliadas del narcotráfico.
¿Hace cuánto tiempo que no se reúne el Sistema de Defensa Nacional, que podría dedicarle un par de días al problema?