>>Uno es peruano y ha visto mil escenas parecidas. Uno es peruano y alguna vez soportó un 0-7 en Santa Cruz (1997) o un 0-5 en Barranquilla (2005), pero nunca --repito, nunca-- había sentido tanto miedo de que los goles no parasen y el marcador en contra superase la decena. Fueron cinco pero pudieron ser doce y palabra que no exagero.
Con el aval de un ambiente deportivo que nunca le dijo 'no lo hagas', Chemo apostó por un equipo de 'jugadores de altura' y no midió que meter seis cambios con relación al último choque era asumir un riesgo mayúsculo. Digo "mayúsculo" porque Perú armó un equipo nuevo en dos días y tiró a la cancha un once que sin la preparación debida --se juntó 24 horas antes-- quedó expuesto al cachetazo.
Vimos, entonces, al Bazalar que no queríamos, al 'Chorri' que corre y no genera y a un Gómez que será muy amigo del técnico, pero que nada tiene que hacer en una Eliminatoria. Claro, también vimos a un Penny que se asustó más con Ayoví que con Ronaldinho y a un Pizarro al que --ahora sí, pese a su respaldo mediático-- habría que incluir en la rotación de los no-titulares. Por último, vimos al Chemo que nadie quería ver. Un técnico derrumbado y sin respuestas, que solo atinaba a risitas nerviosas, mientras presenciaba resignado cómo un rival que estaba casi muerto lo terminó matando.