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Por qué no marchar con la CGTP

Por Eduardo Farah. Presidente de la Sociedad Nacional de Industrias

Un Estado democrático se caracteriza por la disposición que muestren sus integrantes para solucionar sus problemas a través del diálogo, por la libertad de expresión que tienen sus ciudadanos, por la toma de decisiones de manera coordinada y por el respeto de la opinión de todos los ciudadanos.

El Perú vive en una democracia y semanas atrás lo pudimos comprobar con la jornada de protesta que realizó la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), que tuvo como única condición que se llevara a cabo sin actos violentos o vandálicos, advertencia que a todas luces nos parecen necesarias. Es bueno recordar que mi derecho termina en donde comienza el de otra persona.

Y así fue. Los trabajadores agrupados en este gremio optaron por salir a las calles para que se les escuchara, escogieron este camino para hacer llegar sus reclamos, para llamar la atención sobre lo que consideran está funcionando mal en el país. Es su forma de pensar y de actuar, nosotros discrepamos, pero la respetamos, porque esa es la esencia de la democracia.

Nosotros apostamos por otro camino, por el diálogo, por el intercambio de ideas que nos lleven a encontrar un punto medio en donde todos salgan beneficiados. ¿Tenemos algún reclamo que hacer al Gobierno? Claro que lo tenemos, y no solo uno, existen varias razones que nos podrían empujar a protestar, como la reducción arancelaria sin un estudio técnico, la imposibilidad de reinvertir utilidades, los elevados sobrecostos laborales que tenemos que enfrentar, etc. Motivos existen, y no porque seamos proteccionistas (estribillo propio de la década del 70 que se encuentra venido a menos), sino porque queremos el piso parejo para competir. Pero sabemos que existen diversos caminos para hallar la solución a nuestros problemas y que son propios de un Estado democrático.

Es por esta razón que no aceptamos la invitación que nos hiciera la dirigencia de la CGTP para marchar junto con ellos en su jornada de protesta. Algunos cuestionaron que siquiera lo hubiéramos evaluado al interior de nuestro Comité Ejecutivo, pero es que la Sociedad Nacional de Industrias no es solo Eduardo Farah, o el presidente de turno. Nuestro gremio es una institución dirigida por un grupo de industriales que representan a las miles de empresas asociadas, por lo tanto, las decisiones siempre serán colegiadas. En esta oportunidad, ratificando nuestra voluntad democrática, una vez más decidimos tomar el camino --tal vez más largo-- de dialogar con el Gobierno.

Ahora solo nos resta esperar que de parte del Gobierno exista esa misma voluntad de sentarse a la mesa para discutir los problemas que podamos tener los empresarios del país. La práctica de la democracia debe partir del propio Estado, que está en la obligación de escuchar a los ciudadanos, a fin de encontrar soluciones viables a sus problemas.

Estamos seguros de que hemos hecho lo correcto. Ojalá que para los empresarios del país no sea un diálogo de sordos, sino una verdadera lección de lo que es democracia.

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