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Dos escenarios políticos para una sola gran batalla

Por: Juan Paredes Castro |

La alianza que buscaba establecer el fujimorismo con el humalismo para censurar a Jorge del Castillo se desinfló en menos de cuarenta y ocho horas, lo que no significa que el primer ministro y el Gobierno puedan respirar tranquilos.

Probablemente, la alianza ya no vaya por ahora, pese a las afinidades antidemocráticas y promilitaristas que distinguen a ambos grupos políticos, pero lo que tiene que preocupar al Gobierno y al país es la confluencia de dos cosas cruciales:

Una, la creciente amenaza del narcoterrorismo en el oriente peruano, que obliga a construir una estrategia policial-militar de gran cohesión; y otra, el afán del fujimorismo, encabezado por la congresista Keiko Fujimori, por no perder la menor oportunidad en el aprovechamiento político de los flancos débiles que ofrece el Estado en el tema.

El fujimorismo ha hecho en las últimas horas una clara demostración de que no está dispuesto a cooperar con las necesidades de la seguridad interna del país. Ni siquiera porque se presenta como supuesto símbolo de la pacificación. Parecería interesarle más la rentabilidad política que podría proporcionarle una eventual oposición al Gobierno basada en las debilidades de la actual lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Se trataría de una oposición de doble cálculo, en el sentido de que podría colocar a Keiko Fujimori en carrera electoral, con un tema popularmente muy sensible, y al mismo tiempo reclamar, bajo cuerda, mejores condiciones carcelarias y judiciales para el procesado ex presidente Alberto Fujimori.

¿Cómo hace entonces el Gobierno en medio de esta tenaza políticamente cruel? Entre otras cosas, tratar de matar dos pájaros de un tiro:

De un lado, convirtiendo al narcoterrorismo en el blanco perfecto de una ofensiva castrense-policial, y de otro, quitándole piso político al fujimorismo, en su propio juego, es decir en el proyecto de alentar una prematura candidatura presidencial (la de Keiko Fujimori), increíblemente basada en los reveses de nuestras fuerzas militares y policiales en el VRAE (valle de los ríos Apurímac y Ene).

La buena noticia es que hoy los ministros Jorge del Castillo, Allan Wagner, Luis Alva Castro y Luis Carranza se sentarán alrededor de una mesa de números y estrategias, sencillamente para afinar una propuesta que a más tardar el martes tendría que ingresar en el despacho del Congreso.

Para entonces no deberá quedar ninguna duda de que sin los cuatrocientos millones de soles adicionales al presupuesto 2008 no podrá enfrentarse a las mafias criminales del VRAE ni a los altoparlantes de Keiko Fujimori.

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