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La riqueza del conocimiento y la información

Por Raúl Ferrero C. Jurista

Los fisiócratas, en el siglo XVIII, atribuían la riqueza a los factores de la naturaleza.

Así, Quesnay, su más genuino representante, sostenía que la tierra y la agricultura eran la base de la riqueza, así como las materias primas; en especial, los minerales.

Durante mucho tiempo se consideró que la riqueza estaba representada por la acumulación de los bienes materiales.

Posteriormente, las manufacturas fueron consideradas como la suma de otras materias primas empleadas en su elaboración, desdeñándose al comercio como fuente de riqueza.

Desde entonces, con el maquinismo e industrialismo de los siglos XVIII y XIX, el mundo ha ido cambiando progresivamente, para desarrollarse después de las guerras del siglo pasado una forma de alcanzar el poder distinta a la riqueza tangible, la cual proviene del conocimiento.

Hace sesenta años, Albert Einstein ya predecía con visión genial que los imperios del futuro estarían basados en el conocimiento, así como que los pueblos que alcanzarían el éxito serían aquellos que supieran generar el conocimiento.

Y así está ocurriendo. El conocimiento se ha convertido en la clave del desarrollo y centro de la verdadera riqueza. Además, a través del Internet cualquiera accede al conocimiento más vasto y actualizado que haya existido jamás. Para ello no existen distinciones de razas, credos ni culturas.

Hoy, mediante el estudio, la lectura y la investigación, han dejado de existir limitaciones para adquirir los conocimientos que se quieran.

La persona humana ha pasado a depender cada vez más de sí misma y de su esfuerzo propio.

La capacidad de superación de cualquiera está más en sus manos que antes. Por eso, no faltan quienes ya enfatizan que después del capitalismo hemos pasado al informacionalismo.

La información y el ciberespacio, bien manejados, son la base de la nueva riqueza y el nuevo poder.

Pero solos no bastan. Es preciso que la mente humana los sepa aprovechar mediante la utilización de su capacidad para pensar e interpretar.

Hoy Bill Gates ha podido acumular una fortuna, gracias al desarrollo de su programa de Microsoft que ha revolucionado el mundo de la informática. Y Warren Buffett ha logrado un éxito similar porque ha sabido sistematizar la información y vendérsela a las empresas para que hagan negocios con ella.

El conocimiento ha dejado de ser elitista, para convertirse en un producto al alcance de cualquier persona que desee obtenerlo. Se ha democratizado de manera vertiginosa. Se viene un mundo sin límites, casi sin barreras, con mayor libertad de movimiento y con todas las posibilidades abiertas, sin más restricciones que las que uno mismo decida imponerse.

Ahora, más que nunca, cada uno va a depender de su propia voluntad, ya que las oportunidades se van igualando para todos.

Los desniveles económicos y sociales se podrán ir superando en la medida que el Estado se ocupe de velar porque se proporcione a todos igualdad de oportunidades educacionales, cosa que no ocurre en nuestro país.

Si bien la información es poder, también es cierto que ella sola no resuelve los problemas.

Debe ser bien utilizada, y las aulas universitarias, en vez de atiborrar a los alumnos con tantos conocimientos, tienen que servir para enseñarles a discernir.

Hoy, con el manejo razonado de la información para desarrollar las mentes, el reto es saber utilizar los conocimientos, que son vastísimos, y aplicar al mundo de la realidad lo aprendido, de forma tal que los educandos puedan resolver los problemas que enfrentan diariamente, evitando caer en un mar de información inservible.

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