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Vientos de reforma en Francia

Por Francisco Belaunde Matossian. Internacionalista

Aparentemente se está ante la historia de siempre: el Gobierno Francés quiere hacer una reforma de algún tipo y los sectores afectados responden con manifestaciones, bloqueos y, sobre todo, casi como un acto ritual, la paralización del transporte público.

La diferencia con episodios anteriores es el contexto. En esta oportunidad, el Gobierno, que tiene pocos meses en funciones, está impulsado por un motor de muy altas revoluciones como es el presidente Nicolás Sarkozy. Este ganó las elecciones de mayo pasado con la promesa de efectuar una serie de reformas en diversos campos y parece decidido a cumplirla.

De hecho, se puso muy rápidamente en movimiento en diversos frentes. Uno de estos es el de los regímenes de jubilación especiales de que gozan determinados empleados públicos, en función de la dureza de su labor y que hace que, de acuerdo a las estadísticas, su esperanza de vida promedio sea menor que a la de otros trabajadores. Se les permite entonces jubilarse anticipadamente, luego de cotizar 37 años y medio al sistema de pensiones, en lugar de 40 como se da en el régimen general.

El Gobierno, argumentando que, con el progreso de la técnica, muchas labores han dejado de ser particularmente duras y, sobre todo, que el sistema de pensiones enfrenta graves problemas de financiamiento, busca suprimir la mayoría de los regímenes especiales.

Simultáneamente, hay una reforma universitaria en marcha, mediante una ley votada hace unos meses, y que da mayor autonomía de gestión a las universidades públicas. Las organizaciones estudiantiles de izquierda, que son mayoritarias, han organizado huelgas y bloqueos de sus establecimientos ante la disconformidad de otros estudiantes que, aún mostrándose en contra de la reforma, se oponen a los bloqueos. Por cierto, la decisión de aplicar tales métodos de protesta es muchas veces adoptada, no mediante el voto secreto de todos los estudiantes, sino a mano alzada en asambleas generales.

La prensa francesa establece paralelos entre Nicolas Sarkozy y Margaret Thatcher, y se pregunta si el mandatario galo podrá emular a la ex gobernante británica, sacando adelante su ambicioso plan de reformas. La batalla actual constituye una prueba, cuyo resultado condicionará el lanzamiento de otras radicales medidas en agenda para los meses siguientes, como la prevista en materia de flexibilización del mercado laboral.

Habrá que ver si el "hiperpresidente" francés, denominado así por su desbordante activismo que lo lleva a hacerse presente casi simultáneamente en distintos lugares y a opacar fuertemente la figura de su primer ministro, gana su apuesta y logra inyectar una buena dosis de dinamismo a la sociedad francesa que, a todas luces, la requiere a gritos.

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