Por Pedro Ortiz Bisso
Los muchachos que madrugan todos los días para dar unas vueltas alrededor del Estadio Nacional, aquellos que no dejan de tirar golpes en la Bombonera soñando con una noche estelar en un ring de Las Vegas o las chicas del vóley que acaban de volver derrotadas de la Copa del Mundo, tras una de las peores actuaciones que se recuerde, deben sentir cierta curiosidad por la pasión con que el jefe del Instituto Peruano del Deporte (IPD) ha enfrentado la problemática que desgarra el fútbol nacional.
Ciertamente, no hace mal el ingeniero Arturo Woodman en comprarse tamaño pleito, más aun tras el puntapié a la espinilla de nuestro orgullo que la selección ecuatoriana nos propinara el último miércoles, fina cortesía de una organización futbolística colapsada, que pide a gritos un urgente cambio de timón.
Sin embargo, al margen de los métodos que se estén implementando para ejecutar este cambio --algunos altamente cuestionables desde mi punto de vista--, vale la pena preguntarse porqué no existe el mismo apasionamiento hacia el resto de deportes. O para hacerla más simple: aún sigue siendo un misterio si el IPD posee un plan de desarrollo para el deporte en el país y, por supuesto, si tiene alguna intención de aplicarlo.
Con un presupuesto de 100 millones de soles, el mayor que haya tenido en su historia, el ingeniero Woodman ha sido visto entregando suculentos cheques a medallistas o inspeccionando las pistas sintéticas en construcción, pero poco o nada sabemos de alguna estrategia de desarrollo integral que establezca, por ejemplo, si el objetivo del IPD es masificar el deporte o apoyar solamente a figuras de élite.
El último miércoles, se conoció que dos boxeadores que participaron en una competencia de preparación para los Juegos Olímpicos de Beijing abandonaron la delegación nacional a fin de continuar su carrera en Estados Unidos. Meses atrás, unos ajedrecistas hicieron lo propio en España. ¿El IPD está haciendo algo para evitar que estos casos bochornosos vuelvan a ocurrir? ¿Existe un plan encaminado que permita a nuestros deportistas sentirse lo suficientemente respaldados para no optar por estos desesperados planes de fuga? El atletismo, el boxeo y los demás deportes no atraen tanta atención mediática como el fútbol, pero merecen la misma atención.