Por: Juan Paredes Castro |
No es el caso definir estos términos generalmente tan solemnes, pero nunca menos importantes.
Es el caso averiguar cuánto encajan ellos, bien o mal, en las circunstancias que atravesamos y hasta dónde sirven como referentes cruciales.
La sola profunda crisis del fútbol nos pone a escoger cada día, dramáticamente, entre una "federación peruana" y una "federación internacional". La FPF o la FIFA. Esta sola disyuntiva se ha vuelto terriblemente paranoica.
Las leyes de la nación peruana son perfectamente reconocibles, como reconocibles son las leyes internacionales, con las cuales tenemos suscritos acuerdos y obligaciones. Pero el problema es que no sabemos ni podemos decidir hasta hoy qué hacer, no con el fútbol uruguayo o croata, sino con el fútbol peruano.
La FIFA se impone sobre la FPF. La FIFA se monta sobre las leyes peruanas. La FIFA despierta en el Gobierno el peor de los temores, como en los tiempos de Nerón en Roma: el temor de que el país se quede sin circo, sin el medio masivo de desfogue y distracción, sin el contrapeso de catarsis popular para los graves momentos de crisis.
El Gobierno le devuelve su temor a la FIFA, demostrándole que no puede hacer más de lo que los clubes y ligas pueden hacer por sí mismos para rescatar la dignidad de la FPF.
Aquí es donde perdemos las nociones de nación y Estado. Ni siquiera en nombre de la globalización. Simplemente en nombre de lo que arrastramos desde el día siguiente del fin del Virreinato: la cíclica pérdida absoluta de identidad a la hora de tomar decisiones de Estado. No nos damos cuenta de dónde estamos parados, qué deseamos o buscamos, qué defendemos y por último a dónde vamos.
Pero así como las nociones de nación y Estado se disuelven en la crisis del fútbol, también se mueven como una gelatina a la hora en que el Gobierno y el Estado vacilan en sus decisiones y en la asignación de recursos de emergencia para sacar al narcotráfico y al remanente terrorista de las zonas prácticamente liberadas por estos en el oriente peruano.
En términos de nación y Estado resulta tan complicado y casi imposible sacar al señor Burga de la FPF como a 'Alipio' del VRAE.
¿Qué pasaría si un ejército extranjero invadiera el valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE)? ¿Qué nos diría el gobierno de turno, como nos lo han dicho hasta hoy? ¿Que la espesa vegetación y la densa niebla de la selva hacen imposible la incursión de acciones policiales y militares? ¿Cuánto tiempo más, a los ya 15 años transcurridos, vamos a seguir oyendo esta argumentación?
A este paso vamos a seguir multiplicando Burgas y Alipios, mientras perdemos nación, Estado y territorio.