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¿Por qué no,te callas?

En los momentos más calientes, los técnicos que pasaron por la selección siempre se fueron de boca

Por Pedro Canelo

Todos fueron presentados en días felices. Ellos, al centro de los flashes, comenzaron un romance fugaz y sus discursos distendidos vendían un mundo ideal que al final se perdió en el peor de los desengaños. Ser técnico de la selección peruana fue para ellos una prueba de resistencia, en la cual ninguno salió ileso.

¿Puede ser tan difícil sobrellevar el buzo de Perú? Los últimos seis entrenadores que ha tenido la selección nacional perdieron la paciencia muy rápido y dejaron que sus discursos se encendieran hasta dejar sus reputaciones con quemaduras de tercer grado.

Comencemos con Francisco Maturana, el colombiano que siempre tuvo a la parsimonia como bandera y cambió su rostro apenado por un semblante furioso. A Pacho no le gustaba la crítica y cuando su campaña comenzaba a empañarse con derrotas, terminó con una seria paranoia y vio fantasmas por todas partes.

Lo mismo ocurrió con Paulo Autuori. El brasileño se había dado a conocer como un tipo respetuoso con la prensa. En cambio, cuando Perú se despedía de Alemania 2006, bastaba una pregunta incómoda de un colega radial para que Autuori le dijera: "No respondo estupideces".

Pero si la descarga con Maturana y Autuori se dirigió hacia la prensa, en el caso de Freddy Ternero y Franco Navarro el problema surgió con los mismos jugadores.

Ternero, en un serio desliz publicado en un semanario, dijo que Andrés Mendoza "no tenía cerebro" y que pensaba primero en comprarse carros mientras que su familia comía gato. Algo similar fue lo de Franco Navarro: aturdido por sus desencuentros con Claudio Pizarro, se desquitó con Carlos Delgado, empresario del delantero.

Los dos últimos técnicos olvidaron que los periodistas llevan grabadoras y cayeron en inexactitudes que fueron desmentidas muy rápido. Uribe dijo que no había salido en Japón y salió. Chemo advirtió que no les había dado permiso a sus jugadores antes de viajar a Quito y después se aclaró que estos salieron en horas de la tarde. Mejor le hubieran hecho caso a ese rey Juan Carlos que todos llevamos dentro y se hubieran quedado calladitos.

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