Por Fritz Du Bois
El miércoles fue un día para el olvido. Los valores de las acciones y de las materias primas en los mercados internacionales colapsaron arrastrando a la Bolsa de Lima. Para colmo, se envió un equipo de desconocidos a jugar por la selección en Quito y nos dieron tal pateadura que nos va a seguir doliendo por mucho tiempo.
Si bien ya he mencionado con anterioridad el riesgo de que la crisis financiera contagie a nuestro país y se corte el ciclo económico tan positivo del que disfrutamos, la continua baja en los precios del cobre, zinc y plomo (los tres han perdido 20% solo en lo que va del mes) me lleva a tener que reiterar que el principal peligro es una caída de la recaudación, la cual, en un escenario extremo (poco probable por cierto), podría descender en 4.000 millones de soles si los niveles de impuesto a la renta de las empresas mineras regresaran a lo que eran hace solo dos años. Mayor motivo entonces para asegurar que este año sí tengamos la tranquilidad de contar con montos de esa magnitud en el Fondo de Estabilización Fiscal, para evitar ya sea abruptos recortes de gasto o, peor aún, eventuales aumentos de impuestos, lo cual echaría una ducha fría al desbordante optimismo empresarial.
Sin embargo, lo que sí se puede hacer para seguir fomentando la inversión es reducir sobrecostos, que no deberían tener mayor implicancia fiscal pero que aligerarían los innecesariamente altos costos de transacción que implica operar en el Perú. Por ejemplo, luego de 16 meses todos los ministros vienen simultáneamente encontrando y cancelando cientos de trámites en sus sectores, pero todavía les quedan miles en cartera y no bien deje de estar en boga en el Gabinete la desburocratización, seguro que muchos trámites volverán por la puerta falsa, como ha sucedido en los anteriores episodios de eliminar burocracia. Lo que se requiere es cortar por lo sano y para siempre, para ello se debería decretar que todo trámite que el ciudadano está obligado a realizar por exigencia del Estado --en todas sus instancias-- sea gratuito. De esa manera, se termina el círculo vicioso de entidades públicas inventando trámites solo para agenciarse recursos propios. Por los trámites voluntarios que solicite el ciudadano se le debe cobrar únicamente el costo de proveer el servicio y en este rubro se debe incluir, para evitar que escaseen, el DNI y el pasaporte.
De otro lado, esta semana también se publicó el ránking mundial de facilidad tributaria y el Perú increíblemente figura en el puesto 147 de 178 países en lo que respecta al tiempo que tienen que dedicarle en promedio (426 horas-hombre al año) los contribuyentes para cumplir con el pago de impuestos. Parece totalmente absurdo que la Sunat les cargue enormes pérdidas a las empresas sin que se beneficie nadie en absoluto. Más aún si es tan tortuoso y costoso el pago de tributos no debemos sorprendernos de que el 60% de la economía sea informal. Es evidente que se debería generalizar el pago vía electrónica e introducir tanto silencio administrativo positivo como un presupuesto por resultados, el cual se condiciona al cumplimiento de metas precisas de simplificación para que la administración tributaria reciba su participación de la recaudación. Al final, esto va a reducir costos y resultará en un buen negocio para todos, especialmente para el Tesoro.
Finalmente, la sensación de fragilidad que da un día como el miércoles hace dudar sobre qué tan blindados realmente estamos. Antes de simplemente esperar que pase la tormenta, deberíamos reducir la burocracia. Esto siempre ayuda a ganar competitividad.