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Las cosas simples

MUCHO OJO

Por Fernando Vivas

Enzo Viena encarnó las cosas simples de la vida, el lema de la telenovela que oxigenó al más acartonado género de la cultura popular. Pero las circunstancias de su éxito fueron complicadas.

"Nino" era un guion de los brasileños Geraldo Vietri y Walter Negrao comprado por el actor argentino Rudy Carrié. Este se lo vendió a Genaro Delgado Parker, quien buscaba material para producir en Argentina y escapaba de la dictadura velasquista que amenazaba con expropiar los canales peruanos y condenar los folletines.

Pero contra el gusto popular no se dan golpes de Estado así nomás. "Nino" (1971) fue un éxito fulminante apenas se estrenó aquí y en media América. Parte de él se debió a Enzo: lejos de los galanes de hoy, era un maduro actor de 38 años interpretando a un joven carnicero soñador. Su entrega al naturalismo de los delantales sanguinolentos y su codeo con el coro vocinglero de la quinta --por primera vez una novela en español se abría a tantos personajes-- lo marcaron para siempre. A Enzo, en el Perú, lo rebautizamos 'Nino' pero no lo teníamos cerca, salvo un par de ocasiones en que vino para trabajar en teatro.

Viena se quedó en Buenos Aires y, aunque era un buen actor, perdió el paso ante la nueva generación de galanes que se abría camino en el cine mirando las telenovelas con desdén. Su consagración como Nino le costó el futuro.

Hasta que otra circunstancia política lo trajo de vuelta. Un reportero que cubría la crisis argentina tras el corralito financiero lo entrevistó y Enzo le contó lo mal que la estaba pasando y cuánto le gustaría trabajar en el Perú. Le cayeron propuestas, una para hacer teatro con Oswaldo Cattone, su viejo amigo de "Nino", y otra de Efraín Aguilar, para sumarse al coro de "1000 Oficios".

Ese fue su último barrio de ficción y gracias a esa temporada le hicimos al buen Enzo el homenaje que merecía en vida y que le debe su país. Se fue algo amargo y con arrugas --me lo contó cuando lo conocí-- pero con muchas ganas de seguir actuando con ese rostro de 'tano' bonachón que encarnó, mejor que nadie en la novela de los 70, la complejidad y el candor

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