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Primero lo primero

Por David Fischman. Ingeniero UPC

Imagine una organización donde existen programas formales de reconocimiento. Donde reconocen el esfuerzo de las personas, otorgándoles placas, obsequios y regalos. Reconocen el desempeño de equipos, existen aumentos, premios y bonos por desempeño y organizan eventos para destacar a las personas con premiaciones inolvidables. Al observar esta organización, cualquiera pensaría que sus trabajadores deberían estar motivados y comprometidos, pero especialmente que deberían sentirse muy reconocidos, lo cual no necesariamente es cierto.

Sheere Herr, CEO de la corporación American Express Incentives Services, realizó una investigación en la que descubrió que, aunque las empresas tengan sistemas de reconocimiento formales, las personas no necesariamente se sienten reconocidas. En su investigación, preguntó por las 10 actividades de reconocimiento más importantes para las personas. Según los encuestados, las más importantes no estaban relacionadas a reconocimientos explícitos, sino a indirectos, tales como:

-- "Mi jefe busca, escucha y valora mis ideas". A primera vista uno podría pensar que esta no es una actividad de reconocimiento, pero si miramos más profundamente, encontraremos que sí lo es. Cuando un jefe busca, escucha y valora las ideas de un subordinado, está reconociendo que es valioso, que es capaz y competente. El hecho de que el jefe le dé tiempo a la persona es el mejor reconocimiento.

-- "Mi jefe me incluye en el proceso de decisiones".

-- "Mi jefe me da proyectos y responsabilidades, y me ayuda a desarrollarme en mi carrera".

-- "Mi jefe está disponible cuando lo necesito".

-- "Mi jefe me da autonomía".

-- "Mi jefe me da más autoridad".

-- "Mi jefe se preocupa por mí como persona".

Si usted fuera a ser evaluado por sus subordinados en función a estas actitudes, ¿cómo cree que responderían? Si queremos mejorar el reconocimiento en la empresa, no basta con preocuparse por crear premios ni con enseñar a los jefes a reconocer, se trata de mejorar su liderazgo en general. Cuando el jefe invierte tiempo en su subordinado para ayudarlo profesionalmente y como persona, este se siente profundamente reconocido.

Pero no es fácil. Hoy todos andamos apurados, ocupados, tratando de cumplir nuestras metas, con menos recursos que antes y con más exigencias. Nuestra atención es selectiva y se concentra en lo que nos apremia, que son las tareas y las metas.

En una investigación realizada con unos estudiantes para sacerdote se les pidió que en un tiempo limitado trajeran un documento que estaba en un segundo piso, cruzando la pista. En medio de la pista, pusieron a una persona aparentemente accidentada que pedía ayuda. Los investigadores querían medir cuántos alumnos intentaban auxiliar al accidentado. Los resultados fueron sorprendentes: aquellos alumnos que tenían menos tiempo no pararon a ayudar, aun siendo alumnos que pretendían ser sacerdotes. ¿La razón? El tiempo ajustado hizo que concentraran su atención en la tarea, olvidando a las personas.

Para salir de este círculo vicioso recordemos nuestra misión en la vida. Cuando hago 'coaching' con ejecutivos, siempre veo que la misión de las personas está relacionada con algo trascendente. La mayoría queremos hacer una diferencia, afectar las vidas de las personas cercanas a nosotros; en general, dejar huella. No podemos dejar una huella con las personas cercanas si solo estamos concentrados en la tarea.

Anote en agenda reuniones semanales o quincenales con su gente, escúchelos, preocúpese por su desarrollo, ayúdelos a crecer profesionalmente, entrégueles cariño como seres humanos, invierta su tiempo y atención en las personas y no solo estará reconociendo a su gente. Además estará reconociendo su propia misión en la vida.

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