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Venezuela y Bolivia, días decisivos

Análisis

Por Luis Jaime Cisneros Hamann. Periodista

La ruptura virtual y mediática entre Venezuela y Colombia, sumada a la recurrente pero cada vez más aguda crisis política en Bolivia, parecen formar parte de una misma trama en vísperas del controvertido referéndum constitucional con el cual el régimen de Hugo Chávez aspira a implantar la reelección presidencial indefinida en tierras llaneras este domingo 2 de diciembre.

Las diferencias entre Chávez y su par colombiano, Álvaro Uribe, han sido aprovechadas por el líder bolivariano para presentarse ante sus compatriotas, una vez más, como el campeón del nacionalismo y la dignidad, una posición que siempre le representó réditos electorales en su país y que urge ahora en demostrar ante la dificultad de las encuestadoras para vaticinar la fórmula ganadora del referéndum: el Sí, a favor de los cambios propuestos por el gobierno, o el No, en rechazo a los planes reeleccionistas del régimen.

Ese recurso ya había sido utilizado ante la prensa por Chávez a propósito del enfrentamiento verbal con el jefe de Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero, en la Cumbre Iberoamericana de Santiago, cuando el rey de España, Juan Carlos de Borbón, cometió el exabrupto de mandarlo callar y puso en el despeñadero las inversiones hispanas en la patria del petróleo latinoamericano.

Pero el exagerado portazo en la cara de Uribe a Chávez para desembarcarlo como mediador entre Bogotá y las guerrillas de las FARC de cara a lograr el canje de 45 rehenes provocó, además del enfriamiento de relaciones entre los dos vecinos en represalia, que Venezuela suspenda las negociaciones para reintegrarse a la Comunidad Andina de Naciones, previstas para diciembre.

Sin embargo, no queda clara la determinación de Chávez de cumplir su advertencia de ignorar a Uribe, "por mentiroso", hasta que este deje el poder en el 2010. En abril del 2006, el gobernante venezolano también protagonizó un feroz intercambio de insultos con el actual presidente de Perú, Alan García, y amenazó con no reconocer a su gobierno en caso este ganase las elecciones de ese año. Tras un breve distanciamiento, superado gracias a la mediación del presidente boliviano, Evo Morales, hoy Chávez y García mantienen una relación cordial e incluso exploran la posibilidad de hacer negocios juntos en materia petrolera en franca muestra de que en los negocios no existen incompatibilidades.

El referéndum decidirá si se incorporan a la actual Constitución, promulgada por Chávez el 2000, una serie de reformas aprobadas ya por la mayoría socialista en el Congreso, como la reelección sin límite cada siete años, la creación de una economía socialista y la constitución del poder popular basado en comunidades pero dirigidas desde el Gobierno. Los cambios son percibidos por la oposición como el más claro ejemplo de que Venezuela se encamina a ser "la nueva Cuba" de la región, aunque hay quienes se inclinan a ver en el modelo venezolano un régimen autoritario con ciertos grados de democracia, retomando lo que intentó en Perú Alberto Fujimori.

Chávez, quien accedió al poder por vez primera en 1999, ha ganado todas las elecciones en su país sin que hayan existido reclamos de fraude, con porcentajes que le otorgan un promedio de 60% de respaldo y un 40% de rechazo. No hay razones aparentes para creer que esa tendencia se pueda revertir en un país donde el voto no es obligatorio --lo que explica el llamado de Estados Unidos a que los venezolanos acudan a las urnas-- y donde la oposición vive en crisis al extremo tal que son los medios de comunicación los que han acabado por ocupar su lugar.

El resultado del referéndum repercutirá en Bolivia, donde es evidente que Chávez es uno de los factores que han contribuido a irritar y polarizar a un sector de la sociedad boliviana en contra del presidente socialista Evo Morales que enfrentó esta semana protestas de seis provincias que dejaron al menos cuatro muertos y que amenazan agudizarse desde el lunes con huelgas de hambre y reivindicaciones de autonomía.

Morales vive una de sus horas más difíciles desde que llegó al poder en enero del 2006, acusado de ser un alumno aplicado de su mentor bolivariano y de aprobar sin el voto de la oposición una nueva Carta Constitucional en que buscaría la reelección. Los viajes constantes de Chávez a Bolivia hacen recordar el papel funesto que jugó para la democracia chilena la presencia del líder cubano Fidel Castro en la crisis que larvó el golpe de Estado fascista contra Salvador Allende, hace 34 años.

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