El especialista analiza las propuestas del presidente en la "Receta para acabar con el perro del hortelano"
Por Juan Zegarra Salas
¿Qué significa que el presidente proponga esta especie de teoría del perro del hortelano, cuando es él precisamente la persona con más atribuciones para hacer los cambios?
En principio, veo impaciencia. El presidente siente que estamos en una coyuntura en que hay recursos, aunque la inversión, sobre todo la pública, está avanzando mucho menos rápido de lo que podría. Hace un llamado para que el Estado simplifique los procedimientos, con lo cual estoy de acuerdo. Sin embargo, también plantea una mayor agilidad del gasto público. No es mala la idea cuando propone tercerizar en análisis de los proyectos. Pero el Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP) no es la barrera porque allí puedes encontrar más de dos mil proyectos aprobados que están esperando ser ejecutados.
¿Qué está pasando entonces, de pronto el presidente no distingue el problema real?
El problema es complejo y él solo está viendo una parte. Por ejemplo, para poder ejecutar proyectos y gastar bien necesitas tener competencias técnicas. Allí noto dos barreras. Una es que si pagas poco tendrás malos profesionales. Entonces, el tema de la austeridad que sí era una cosa razonable para cargos elegidos, no tiene sentido en el caso de cargos profesionales técnicos. Además, estos cargos técnicos deben estar sujetos a una rendición de cuentas, es decir, si pagas un buen sueldo eso debe estar sujeto a evaluaciones y si no funcionas, te vas. Tal como ocurre en cualquier empresa seria. El segundo elemento es que el Estado peruano está concebido para no gastar, con una serie de trabas burocráticas.
¿Pero esos ajustes acaso no están en manos del Gobierno?
Esta semana, Cecilia Blume, tras hacer un análisis de cada una de las medidas propuestas por el presidente García (en su artículo "Receta para acabar con el perro del hortelano"), explicó que la gran mayoría de ellas no requería de leyes del Congreso sino de que el Ejecutivo tome decisiones. No vaya a ser que estas referencias del presidente sean una especie de lavado de manos porque no lo dejan hacer y la culpa la tiene el Congreso y la legislación. Cuidado que quiera decir que no avanza por culpa de otros. La ciudadanía debe usar lo que el presidente ha planteado para medir cuánto avanzamos.
¿Siente que en el primer artículo, los perros del hortelano eran los izquierdistas y los ambientalistas, y en el segundo, aunque menos confrontacional, el Congreso?
Los malos de la película son los izquierdistas y el Congreso que se oponen al progreso. Pero en este punto conviene hacer un poco de historia. Si analizas qué ha pasado con las grandes inversiones privadas, como la pesca en Chimbote y antes el caucho en la Amazonía, y hasta lo que fue la empresa estatal Centromín-Perú en la sierra central, es que la gente hizo dinero en el lugar y se la llevó para fuera. Hay una tradición histórica en la cual la gran empresa ha excluido de los beneficios a la gente más humilde y ese recuerdo no se borra fácilmente.
¿Eso está ocurriendo ahora? ¿Acaso sucede en Cajamarca o Huaraz?
Creo que las mineras Yanacocha (Cajamarca) y Antamina (Huaraz) son empresas modernas y tienen una clara conciencia de que hay que compartir los frutos del desarrollo. Pero el problema es que el mayor déficit que tiene el Perú es el de la confianza. Creo que el presidente al plantear la tesis del perro del hortelano se olvida un poco de la historia y de que es muy importante que el desarrollo del mercado incluya a la gente. Otro punto es que en la sierra no podemos privatizar las tierras de la comunidad (como propuso el presidente García). Lo que deben buscar son formas de desarrollo que incorporen a los comuneros. El grupo Rocío ha hecho una cosa inteligente. Bajo un acuerdo de largo plazo, que puede ser de 6 o 15 años, ellos aportan la tecnología, el mercado, la inversión y el riesgo para mejorar la productividad, en tanto que la comunidad pone la tierra y el trabajo. Esa forma de gestión mixta es el futuro para que el mercado ingrese a la sierra y a la selva peruanas. Los campesinos jamás van renunciar a lo poco que tienen, es decir sus tierras.
¿Considera que el presidente García no tiene gente que le proponga mejores alternativas?
Para empezar, que escuche otras voces. Tengo la impresión que está escuchando a un grupo de empresarios. Lo que tiene que hacer, en un país tan complejo como el Perú, es atender a muchas más voces. Por supuesto, los empresarios pueden tener razón desde su punto de vista, pero es importante que el presidente también atienda a la tecnocracia y a los académicos, con lo cual lograría una visión más balanceada. No quiero usar adjetivos descalificadores, como aquel que señala que el presidente se ha 'derechizado', pero sí siento que en su planteamiento prima el concepto de que solo la gran empresa salvará al Perú.
¿Quizá sea parte del shock inicial por su reconversión ideológica?
Se vuelve más creyente de una sola fe. Todo presidente tiene que ser, en el buen sentido de la palabra, un agnóstico. Es decir, que tenga la capacidad de escuchar muchas voces y de esa multiplicidad encontrar los elementos comunes. No olvidemos que detrás de la viabilidad económica está la viabilidad política. Tenemos ejemplos de países hermanos que están en problemas muy serios porque no tomaron en cuenta el tema de la equidad.
¿También puede ser que se habla tanto de la inclusión que el término acabe trivializado?
Así es. Es como hablar de reforma del Estado. Se menciona tanto, que al final nadie sabe lo que significa. Existe el riesgo de que como todo mundo habla de inclusión y reforma del Estado, estas palabras se conviertan en un lugar común y a fuerza de escucharlas nos dejen de preocupar.
¿Y qué está pasando con los pobres, está sintiendo el efecto del crecimiento?
La pobreza total sí está cayendo. En el 2001 la tasa nacional de pobreza era 55% mientras que ahora estamos alrededor del 44%. Eso quiere decir que bajó 10 puntos. Pero lo que me preocupa es que esta caída es un fenómeno urbano, de Lima y la costa, la zona vinculada al mercado. La pobreza casi no ha cambiado en la sierra, en las zonas rurales, en las ciudades menos desarrolladas y en la selva rural. ¿Qué significa esto? Hay gente que se está quedando atrás y no son pocos. Para que esta gente se integre al mercado tiene que haber competencias, habilidades y capacidades, pero además es un asunto de información, carreteras e infraestructura. Y el otro punto es qué tipo de mercado puede incluirlos. Por eso es que planteaba los modelos de gestión mixta. La gran empresa contrata trabajadores pero el sueño del campesino peruano no es convertirse en un obrero, sino tener lo suyo. Hay un elemento cultural muy importante: nadie sueña con ser el perfecto proletario. Por eso me parece indispensable reforzar la pequeña y mediana empresa.
¿La crítica incide en que está faltando el tema social?
El sector moderno de la economía es el beneficiado con este crecimiento que ya tiene más de cinco años. ¿Qué significan todas estas cifras sobre la pobreza? Bueno, que para algunos chorrea y para otros ni siquiera les salpica. Y es precisamente el Perú indígena, rural y aislado de los mercados al que no salpica.
¿Y dónde está el correctivo?
La propuesta de solución es cambiar los programas sociales, que en lugar de ser protectores sean habilitadores. Un programa habilitador construye carreteras, pone computadoras, instala electricidad. Hay un dato que es paradójico: el departamento que tiene menos conexión eléctrica es Cajamarca, lugar donde está la empresa minera más grande del mundo. Más del 60% de la población de Cajamarca no tiene acceso a la electricidad.
Pero la responsabilidad no es de la empresa sino de un Estado, gobierno central y regional, que no sabe invertir bien los recursos.
Es cierto, pero eso tiene una implicancia. La gente que vive en Cajamarca sin electricidad no va a culpar al Estado sino a la empresa minera que está ganando millones de dólares con los recursos de la región. Es decir, hay un elemento cultural que hace que la empresa pierda legitimidad frente a la población porque el Estado en este específico caso no está aprovechando esos enormes recursos para hacer algo fundamental, como es electrificar la región.
¿Y Sierra Exportadora (programa bandera de la campaña de García) cómo podría ayudar o de pronto está en otra?
Tengo la impresión de que Sierra Exportadora está en otra. Posee potencial pero se ha ido por lo fácil. Ha entrado a trabajar a las zonas de la sierra que ya están vinculadas al mercado. Pero puedo mencionar un programa que está haciendo una buena labor: Pronamachs. Este organismo trabaja con las comunidades más pobres para darles una base productiva y de mercado. El otro programa que tiene resultados aunque pequeños es Sembrando, que dirige la esposa del presidente, Pilar Nores. Está llegando a las zonas altoandinas. Ese es el modelo que debemos replicar. La contradicción es que estos programas, que están enfocándose en la sierra más pobre, dependen del financiamiento exterior o de la voluntad privada. El Estado no está metiendo plata y continúa haciendo más de lo mismo: vaso de leche.
¿Puede que el Apra no haya reclutado a los mejores cuadros en el terreno social?
Es importante que se asesoren con profesionales de experiencia. Tienen que hacer más alianzas con ONG y con comunidades que llevan años en este tipo de desarrollo. El otro punto es que resulta primordial que se remunere bien al servidor público. Ya se ha visto que la austeridad en remuneraciones es un cuchillo de doble filo.
"Hay programitas, pero no una política social"
¿No hay una política social integral?
Me pregunto, ¿quién es la autoridad en política social? Hace unos días se lo preguntaron al primer ministro Jorge del Castillo y respondió que él era la autoridad en la política social.
¿Quiere estar en todas?
Sí pues, resuelve la huelga de estibadores, el bloqueo de carreteras, interviene en el conflicto del narcotráfico. Pero la política social necesita de una persona que trabaje a tiempo completo. El segundo elemento de la política social es que haya metas claras para todos los sectores. En este momento, lo que existe es el sueño del minifundio social, yo hago electrificación, otro la alfabetización, a ti te toca las papillas. Tenemos programitas y no hay una política social.
Hubo una fusión
Sí, pero la fusión no es articulación. Es un paso en la dirección correcta reducir de 82 a 20. Pero eso solo es pasar de la migraña al dolor de cabeza. Pero, ¿esos 20 programas trabajan juntos? Crecer es un buen esfuerzo, por lo cual merece prioridad. Entonces, así como el presidente está preocupado por la inversión privada, la simplificación administrativa y la modernización del Estado, también debería pronunciarse sobre las políticas sociales. No lo he escuchado.
En los dos artículos del perro del hortelano no se abordan las políticas sociales
Exactamente, pero tampoco la seguridad y el narcotráfico. Es decir, todo aquello que nos hace un país más viable y más justo. Y es posible que el 2011 otra vez se repita la angustia frente a la tentación autoritaria. Hay que reconocer la estabilidad y continuidad de la política económica, pero el tema es que todavía no están incluyendo a la gente.
¿Y qué debería ocurrir?
Una política social con metas comunes y una autoridad clara, junto con una evaluación independiente de los programas. Deben priorizar la inversión en infraestructura y en programas habilitadores. La segunda parte, que es lo que menos se ha hecho y la más difícil, es que debemos pensar en todo tipo de empresa para incluir a la gente más aislada. Por ejemplo, el patrimonio cultural. El Perú tiene una cantidad de centros arqueológicos de importancia que están cerca de las comunidades pobres, pero están abandonados. Debería existir un programa nacional para lanzarlos al mercado internacional como el país de las cien culturas. Fomentas la inversión, tercerizas y generas empleo local. El caso de Caral es un ejemplo.
LA FICHA
Nombre: Carlos Eduardo Aramburú López de Romaña .
Nacimiento: Lima, 1949.
Estudios: Antropología. Master en Demografía en el London School of Economics and Political Sciences, del Reino Unido.
Trayectoria: Hasta hace poco se desempeñó como director ejecutivo del Consorcio de Investigación Económico y Social (CIES). Es consultor.