Por Fritz Du Bois
"Alan García ha cambiado el balconazo por el periodicazo" fue un comentario que escuché sobre los dos extensos artículos que el presidente ha publicado. De ser así, entonces sí habría evolucionado de la oratoria inflamada que el viento se lleva y olvida a reflexiones escritas que se convierten en agenda de gobierno y no solo se pueden analizar (como lo hará esta semana El Comercio) sino también exigir que se cumplan; a diferencia de las promesas electorales o los ofrecimientos al paso, estas no podrán ser ignoradas y menos olvidadas.
La coincidencia entre las recetas de García y las propuestas tanto en el Congreso de Confiep como en CADE van formando la base, por primera vez, para una agenda consensuada a favor del crecimiento, momento apropiado ya que la inversión privada ha aumentando 30%. Evidentemente esta lista se irá ampliando con reformas en salud, educación y otros, sin embargo descartar de plano estos planteamientos porque no se menciona la 'inclusión social' es igual que negarse a reducir burocracia esperando la 'reforma del Estado '. Esas dos trilladas frases van camino a consolidarse como las grandes excusas de los que quieren hacer nada ni dejar que otro lo haga.
Las sugerencias de simplificar trámites, tercerizar funciones, vender activos, transar en juicios y fijar plazos para el Estado son todas medidas que sin duda aliviarán la excesiva carga que la burocracia le impone al ciudadano. Asimismo, fomentar la inversión privada siempre es bueno, aunque querer escoger sectores ganadores es una receta que nunca ha dado resultados en el pasado y estaría nuevamente condenada al fracaso. La reinversión tiene que ser gradual --para no arriesgar la estabilidad-- y general para todos, no solo para aquellos que el Gobierno decidió apoyar. De otro lado, sincerar y adecuar la legislación laboral a la realidad de un país con 60% de informalidad es una clamorosa necesidad.
Sin embargo, lo que deja confundido al lector es que el autor de un artículo que plantea "estimular el rendimiento del buen empleado publico" pueda ser el mismo que impuso un tope 'político' al salario de funcionarios, por lo cual se están yendo los pocos rescatables que tiene el Estado y con ello la administración pública que él heredo --que era muy mala-- va camino a ser aún peor. Asimismo, el hecho de que alguien que quiere "dejar atrás los prejuicios ideológicos" y "fomentar la inversión" pueda compartir partido, gobierno y por ende complicidad con el Sr. Negreiros, quien buscando un retorno a los puntos y contrapuntos en los puertos le ha causado al país una pérdida económica mayor que el terremoto de agosto. Finalmente, teniendo el escribidor tan clara la necesidad de reformar la legislación laboral, es inexplicable que haya perdido más de un año dejando que tres de sus ministros se saquen los ojos en público y en privado totalmente enfrentados, sin que hasta la fecha se haya dado paso alguno para facilitar la generación de trabajo adecuado. Peor aún, durante ese período de parálisis gubernamental, más de 400.000 jóvenes entraron al mercado laboral y no les quedó otra alternativa que el empleo informal.
De cualquier manera las propuestas de García van configurando una hoja de ruta para su mandato, sin embargo, del dicho al hecho hay mucho trecho y allí esta el secreto. Para llevar el escrito a la realidad se requiere capacidad de implementación y convicción, que escasean en su administración, ojalá puedan mejorar la gestión. En todo caso , los artículos fijan metas y con ellas el presidente, como los maestros, podrá ser evaluado en sus resultados.