Qué satisfactorio ha sido para el país que la última Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) realizada en Trujillo haya centralizado su debate en dos temas cruciales para el desarrollo del Perú: la inclusión social y la responsabilidad social empresarial.
Los tiempos han cambiado definitivamente y con ello el sector privado empresarial parece haberse sensibilizado con problemas que no podemos seguir ignorando y que tienen como denominador común la exclusión de enormes segmentos de nuestra sociedad, que merecen ser integrados a la economía, al mercado y, en definitiva, a la modernidad.
Esta CADE ha marcado, pues, los compromisos del Estado con esas mayorías desprotegidas, y también las tareas que en un país como el nuestro alcanza al sector privado empresarial, responsable de pensar que tiene ad portas un TLC con EE.UU. y un TLC interno, como palanca de inserción del Perú profundo en la globalización.
EDUCACIÓN E INNOVACIÓN
En cuanto a la inclusión social debe destacarse la franqueza y crudeza con que la conferencia marcó los escasos avances y los graves retrocesos en la calidad de la educación y la lucha contra la pobreza. Sin duda, los tres días no fueron suficientes para abordar también los problemas de la salud y la seguridad, igualmente críticos.
Al respecto hay un detalle que este Diario ha machacado hasta el cansancio y que se reduce a lo siguiente: invertir en educación no es un gasto, sino una inversión. O como señaló Xavier Sala-i-Martín, uno de los más brillantes expositores del evento, se crea valor agregado y ese componente intangible coloca a los países innovadores en los primeros lugares de los ránkings de competitividad, o de otro modo, son derivados a los últimos lugares, como en el caso del Perú.
Igual reconocimiento merece la discusión sobre la desigualdad social, la pobreza (que se ha reducido) y sobre todo la pobreza extrema (que no ha descendido un ápice) y que, como advierten algunos panelistas, son asuntos que tienen que ir de la mano con las políticas de crecimiento macroeconómico más auspiciosas.
RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL
Para El Comercio, que ha dedicado buena parte de sus energías periodísticas a trazar un diagnóstico sobre los problemas nacionales y sus soluciones, es particularmente alentador comprobar que hay empresarios comprometidos con un tema que consideramos debería ser el pilar de la reconstrucción democrática de nuestro país, como es el de la inclusión social y la lucha contra la pobreza. Después de todo, "nadie puede sentirse incluido en una sociedad si no tiene cómo costear su participación en los beneficios que esta genera".
Así lo hemos dejado sentado en nuestros Principios Rectores --que establecen la línea editorial del Diario y de los periodistas de esta casa editora--, así como en nuestras Propuestas para una Agenda de Gobierno 2006, conjunto de alternativas que presentamos al país el año pasado, antes de las elecciones presidenciales, en el entendido de que los medios de comunicación también pueden contribuir al debate y la solución de los grandes problemas nacionales o, en otras palabras, ser organizaciones socialmente responsables.
¿Qué significa esto? Que las empresas reconozcan que más allá de garantizar beneficios para sus accionistas y propietarios, también deben contribuir con el bienestar de sus trabajadores y sus familias, y con aportar e integrarse a la sociedad donde desarrollan sus actividades productivas o de negocio.
La buena noticia, como muestra la CADE, es que hoy más que antes muchas empresas son socialmente responsables. Otras deben seguir el ejemplo.