Los infantes pueden permanecer en la cárcel solo hasta los 3 años. El Estado carece de un presupuesto específico para ayudar a los menores
Por Franklin Briceño Huamán
Parece una escuela cualquiera si no fuese por el cerco eléctrico de 5.000 voltios que rodea el penal. El centro educativo María Parado de Bellido es la única cuna que funciona dentro de una cárcel limeña. Allí se educan 49 niños menores de 3 años, hijos de las internas del penal Santa Mónica de Chorrillos. Desde este viernes serán 48 porque se va una niña, pues se tiene que cumplir con el artículo 103 del Código de Ejecución Penal, que dice que los niños solo pueden permanecer en una prisión solo hasta los 3 años de edad.
Ese es el caso de la hija de la interna Bertha, quien será separada de su madre porque ya supera la edad límite. Según la licenciada María Enciso, directora del nido, "el rompimiento no será sorpresivo porque hace seis meses que se propicia el ingreso al penal de una prima de Bertha, porque será ella quien se llevará a la niña". Dos internas nos dijeron que Bertha lloraba cada vez que caía en la cuenta de que su hija se marcharía pronto.
Es un drama el día de la separación. Ni la interna más dura puede resistir el dolor de ver partir a un hijo. Sin embargo, la ley es inflexible y se cumple. El ex presidente del Instituto Nacional Penitenciario (INPE) Wilfredo Pedraza conoce ese tipo de situaciones. "Las mamás sufren un proceso muy difícil cuando tienen que dejar a sus hijos. Para los niños también es una fractura muy fuerte", indica.
ENTORNO DIFÍCIL
Todo se complica más si el entorno social al que son trasladados los niños, luego de cumplidos los 3 años, es delincuencial. "Si el niño crece entre personas para las cuales vender drogas o robar es normal, entonces dentro de esa lógica no será malo realizar esas acciones. Será simplemente una forma de obtener dinero para sobrevivir", dice la especialista en psiquiatría infantil Roxana Vivar. ¿Cuál será el destino de la hija de Bertha?
El patio del nido tiene tres grandes árboles y césped donde los niños se revuelcan. Elba observa jugar a su hijo de 1 año y 4 meses, mientras le quita la cáscara a un mango. Tiene tatuada una J en la mano izquierda. "Es la letra con la que recuerdo a mi esposo y a mi hijo. El nombre de los dos empieza con esa letra", dice. Su niño desayuna a las 8 a.m., almuerza al mediodía y cena a las cinco de la tarde.
"Me gustaría que sea ordenado, que estudie y no se malogre", dice Elba, mientras su hijo ha detenido su juego para observar una fila de hormigas que cruzan con disciplina, una tras otra, el patio del nido. Sin embargo, entre el deseo y la realidad hay una gran distancia. El entorno que le espera a este niño es incierto. Cuando cumpla 3 años y tenga que separarse de su madre, el pequeño no tendrá buenas opciones. El padre está preso en el penal de Lurigancho por robo agravado, y Juan Carlos, el hermano mayor, sufre principios de alcoholismo. Las hermanas de 5, 12 y 14 años viven solas en un cuarto alquilado. Estas tres niñas ya han vivido en un centro de menores y han salido de estos lugares "con ganas de no volver nunca", dice Elba, quien también vivió en albergues cuando tenía 16 años. "Esos lugares son el infierno", recuerda con desprecio y amargura. ¿A dónde irá el hijo de Elba cuando se aleje de ella? La interna todavía tiene 20 meses para pensarlo.
LOS CAMINANTES
Pese a todo, la psiquiatra Roxana Vivar sostiene que es bueno mantener a los niños junto a sus madres en los tres primeros años de sus vidas, pese a que "ellas estén recluidas". Vivar dice que convivir junto a la madre en los primeros años ayuda a desarrollar un concepto psicoanalítico llamado constancia de objeto. Esto significa que "en el futuro los niños tendrán la imagen de la madre, aunque no la vean o no la vuelvan a ver", explica.
Vivar precisa que si una mujer decide vivir con su hijo en la cárcel "pese a ser una delincuente, se entiende que lo protege y genera un balance positivo para el bebe".
En los últimos 11 meses los niños de las reclusas han salido cinco veces fuera del penal. Los otros 328 días su mundo ha sido la celda, el patio y la cuna donde estudian. "En las visitas solo salen los caminantes", precisa la profesora Martha Moreno del INPE. 'Los caminantes', así se les llama a los niños que ya pueden caminar por sí mismos. En la cuna María Parado de Bellido hay 18 'caminantes', cuyas edades fluctúan entre 1 y menos de 3 años. Cuando salen de la cárcel, los niños se sorprenden. Les asusta las bocinas de los carros, las caras de las personas y los perros. "Su pequeño mundo está circunscrito al ambiente que los rodea. ¿Qué pasaría si usted ve un dinosaurio?", explica Luisa Bossio, una incansable colaboradora de la cuna desde hace más de un cuarto de siglo.
Los otros bebes, los que todavía no pueden caminar, permanecen junto a sus madres tras las rejas. La interna Normelí, con una posible condena de 11 años, tiene una bebe de 8 meses que todavía no conoce la calle. Lo mismo le sucede a la hija de Susan que tiene menos de un mes de nacida. En esa situación se encuentran 29 bebes más, todos menores de 1 año y casi todos nacidos en el penal. "Es complicado sacar a todos los niños de paseo, aunque nos gustaría lograrlo", comenta María del Carmen Camacho, otra voluntaria que también ayuda a los niños de la cárcel desde hace siete años. Las otras dos profesoras del nido enviadas por el Ministerio de Educación, Yenny Quispe y Lucía Chanllio, comentan que "pese a todas las dificultades intentan dar algo de felicidad a los bebes".
FALTA DE AYUDA DEL ESTADO
Desde las instituciones del Estado todavía no se ha focalizado una ayuda especial destinada a los 193 hijos de las reclusas menores de 3 años que hay en todas las cárceles del país. El director de la Oficina de Niñas, Niños y Adolescentes del Ministerio de la Mujer, Javier Ruiz Eldredge, confirmó esta realidad. Sin embargo, el funcionario dijo que "el Estado sí se preocupa con el tema de los alimentos y con personal técnico especializado que apoya en las guarderías", indica.
Fuentes del INPE señalan que se dispone de solo S/.3,50 diarios para alimentar a un niño en sus tres comidas. La ayuda para ellos en realidad llega más de personas caritativas.
El presupuesto destinado al INPE para el próximo año, si bien es mayor que del 2007, es insuficiente. Un claro ejemplo es la poca atención prestada a la resocialización de los presos. Para el 2008 solo se dispone de S/.0,50 por recluso para este objetivo. ¿Qué ocurrirá con los hijos de Bertha, Elba, Normelí, Susan y las otras 189 reclusas?
PUNTO DE VISTA
JORGE CASTILLO MORALES. Profesor de Psiquiatría
Se necesitan más casas estilo SOS
¿Hay algo de positivo en que un niño viva con su madre en la cárcel los tres primeros años de su vida? Sí. Lo positivo es que estos niños tendrán en el futuro una menor tendencia a presentar por lo menos dos cuadros clínicos serios. El primero que se llama hospitalismo y genera en el niño actitudes de de-sesperanza frente al futuro. El segundo, producto del primero, genera depresión. Cuando un niño crece sin estímulos emocionales positivos, su futuro es el de un ciudadano marginal. Encima, si el niño luego de esa primera etapa es enviado a un puericultorio y es criado a palazos: ¿qué clase de persona se estará formando? Y si además esa persona se cría en un ambiente de pobreza, sin una correcta educación, ¿en qué va a trabajar? De joven le será más fácil entrar en el mundo del delito que salir de él.
¿Qué hacer entonces? Fortalecer y crear más formas de hogares al estilo de las aldeas infantiles SOS. En este tipo de hogares sustitutos los niños en grupo tienen a una 'mamá'. Esta 'mamá' no tiene que ser una profesional necesariamente, pero sí es evaluada para ver si tiene condiciones. Esa 'mamá' tiene varios niños; cuanto menos mejor. Ahora, en todo el entorno de la aldea hay un 'papá' que es el jefe de toda la familia. Entonces esos niños crecen con una figura materna muy cercana y una figura paterna algo alejada, pero que está allí. Cuando los niños llegan a los 18 años, si no se han adaptado tienen hogares de transición. Es decir, hay todo un proceso que hace que al salir a los 3 años de la prisión no vayan a otra prisión sin muros. Muchos de estos niños logran salir adelante porque tienen un conjunto de habilidades llamado resiliencia. Conozco casos de niños así que han terminado siendo brillantes médicos.
LAS CIFRAS
4193 mujeres que viven en 43 cárceles peruanas tienen niños menores de 3 años
43 caminos --según el Código del Niño y del Adolescente-- tienen que seguir los hijos de las presas que cumplen 3 años. El primero es ir con el padre. El segundo, con algún familiar y el tercero ser enviado a una institución estatal.
46 años es la edad límite de permanencia de niños y niñas con sus madres presas en Bolivia. En Argentina es 2 años, y en el Perú y Colombia es de 3 años.
490% de las madres del penal de Santa Mónica están recluidas por tráfico ilícito de droga, según la directora del establecimiento, Miryam Amado.